Derechos

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UNA REFLEXIÓN SOBRE
EL DERECHO INTERNACIONAL Y LA GUERRA COLOMBIANA?

Jorge Giraldo Ramírez??
Magíster en Filosofía
¿Hay alguien escuchando?
¿Hay alguno que vea qué está pasando?
Canción de Queensrÿche

La decisión del Estado colombiano de hacerse parte del tratado que estatuye la Corte Penal Internacional pareciera corresponder a la rutina de una tradición que aprecia y se adscribeal derecho internacional. Puede mirarse también como un acto más que demuestra una conducta reciente favorable a la legislación que protege los derechos intrínsecos de los individuos en su calidad de personas.
En verdad los principales instrumentos internacionales relacionados con los derechos humanos, y en especial su asunción firme por parte de las autoridades estatales, son relativamente nuevosentre nosotros: Hace apenas veinte años el discurso de los derechos humanos era excéntrico y subversivo, y los temas del derecho de gentes estaban enjaulados en las cátedras de derecho. Una legislación que expresara la voluntad inequívoca de respetar estas normas sólo se produjo en la última década del siglo XX, a través de la nueva Constitución Política de 1991 y la Ley 171 de 1994. Laincorporación de ellas en la conducta del Estado y la sociedad es lenta pero corresponde a un camino que a los sectores más influyentes del país les parece ineludible, por fortuna.
Es seguro que el poder judicial del Estado ha sido el más consecuente respecto a este cambio de rumbo y de él, con protagonismo y coraje, se ha destacado la Corte Constitucional. Al Estado en su conjunto le ha faltado lainiciativa y la beligerancia que se le demandan para promover los derechos, pero no hay sector más rezagado en este tema que la sociedad civil, entendida en la forma clásica y simple de los miembros asociados de la república. La reticencia de las asociaciones civiles - particularmente los empresarios, las iglesias y las empresas de la educación - para promover los derechos es un hecho que salta a lavista luego de una década de acciones de tutela. Los grupos armados ilegales son la manifestación flagrante de esta carencia en el cuerpo de la sociedad, con lo que demuestran su falta de comprensión acerca de que no hay humanismo posible hoy sin derechos humanos y que ellos deben atenderse sin distingos de clase social ni cortapisas estratégicas.
Dando un vistazo global, el campo más ignoradoentre nosotros ha sido el de los derechos en condiciones de guerra; diría el del derecho humanitario si no diera la falsa impresión de que se trata de un derecho con fronteras claras y positivo, y no de uno en el que prevalecen todos los principios de humanidad y los dictados de la conciencia pública.
No creo que sea casual que - en mi opinión - los principales responsables de la subestimación delderecho humanitario sean los involucrados en esta convocatoria: el Estado que convoca, la intelectualidad convocada, los grupos armados como destinatario predilecto de sus resultados.
El Estado se ha resistido a tratar con dignidad a quienes se le oponen y ha defendido hasta ahora una interpretación primitiva de la rebelión para sustentar la falta de restricciones en su lucha contra quienes ledisputan la soberanía. De su parte, las alusiones al derecho humanitario son generales, sin vínculo directo con las manifestaciones cotidianas de nuestra confrontación bélica, y siempre dirigidas a sus enemigos como si ellos fueran los únicos que lo desconocen. Con los albores del siglo XXI, el Estado colombiano - como otros - corre el riego de embolatarse en el laberinto del discurso terrorista yencontrar razones para tratar como simples criminales a organizaciones políticas armadas, repitiendo sus viejos errores.
Para la intelectualidad colombiana el drama humanitario no ha superado significativamente la condición de objeto de análisis y las implicaciones éticas de la guerra le han sido esquivas hasta hace poco. Presa de un complejo singularista, nuestra intelectualidad retrató las...
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