Derexo

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CRÓNICAS DE VIAJES
 
CÓRDOBA, CALIENTE Y MORA
 
¿Cómo podré decir algo nuevo de una ciudad tan vieja, de la que tanto se ha hablado y de la que tantas y tantos se han enamorado?
 
Trataré, pues, de dar mi punto de vista, perdón, mi punto de oìdo, de tacto, gusto y olfato, contando la experiencia breve, pero intensa, de haber pasado
en ella dos días inolvidables.
 
He de confesarquellegaba con grandes prejuicios, pues sólo la cadencia de su nombre me hacía soñar y desear conocerla  y ella no defraudó mi sueño.
 
Me recibió al mediodía, cuando más cantaba la chicharra y a pesar del sol inclemente, me sentí inmediatamente acogida.
 
Fue como si a medida que cruzaba el puente romano, el tiempo retrocediera y me vi sumergida en el sensual mundo andalusí.
 
Disfruté del paseopor las callejuelas estrechas y retorcidas de la Judería, escuchando el peculiar eco de los pasos y de las voces en sus revueltas y
me dejé hechizar por los lamentos jondos que surgían de cada tiendecita, por  los olores a cuero y especias   de los pequeños zocos  y  por los aromas
a azahar y jazmín que   exhalaban los patios luminosos.
 
Calles tan amables que no dejaban pasar el plomo del sol,pero sí toda la alegría de su luz.
 
Por fin entré en la Mezquita, de la que sólo diré que fue para mí un ámbito de frescor y donde pude percibir un espacio de dimensiones difícilmente imaginables.
Pude, desde luego, aprender bastante de su historia a través de una buena audioguía, pero reconozco que fui incapaz de aprehender toda su grandiosidad
y belleza.
 
Después, ya atardeciendo medeleité con un exquisito té negro a la trufa en la tetería de un hamán donde, además de baños y masajes, había una amplia
oferta de aceites esenciales, aguas aromatizadas  y demás productos para el goce del olfato.
 
Cuando salí del  local con varios frasquitos en mi mochila, ya era de noche y la ciudad, que durante el día parecía haber sido abandonada en manos de
los turistas, era recuperada porsus legítimos dueños, los cordobeses, que ocupaban los parques  con sus sillas plegables tratando de huir del aliento
ardiente que subía del asfalto de las calles. Era la hora de la charla distendida, del encuentro entre amigos y, en fin, de una discreta retirada por mi
parte.
 
Y mi último día en la ciudad aún me reservaba sorpresas agradables. Por la mañana  pude sentir el frescor y lasugerente melodía del agua en las fuentes
de los jardines del Alcázar de los  Reyes Cristianos  y ya por la tarde, gracias al acertado consejo que me proporcionó una amable trabajadora de información
turística,  tuve la oportunidad de visitar un espléndido
museo situado en la Torre de La Calahorra. Se trata de un museo interactivo  que, a través de bellas  imágenes  intercaladas con textosfilosóficos y poéticos
magníficamente leídos, nos propone una inmersión en aquella Al Andalus que, en sus siglos de esplendor fue  ejemplo de desarrollo científico, ético y estéticoy,
ante todo, de interculturalidad.
 
Y tras este impactante viaje a un mundo tan mágico  como desconocido,  tuve que decir adiós a esta  bella ciudad, que ahora recuerdo mientras mis manos
se deslizan lentamente por unapiel bien impregnada en aceite esencial de azahar.

Aunque dicen que Venecia es inmortal, los guías de turismo insisten en decirle a los visitantes: ?échenle un buen vistazo a esta ciudad, porque un día desaparecerá?.
Pese a la lluvia, las orquestas de dos grandes boites tocan animadamente en la Plaza San Marcos. Una hace sobresalir el sonido dulce de sus violines con la canción Nueva York, NuevaYork, y la otra ¿qué creen que toca?, pues nada menos que nuestra veracruzanísima Bamba... Calculan los expertos que el 3.5 por ciento de la herencia artística de Venecia se deteriora irreparablemente cada año, y que en ese mismo lapso se irá admirando menos el antiguo esplendor de la ciudad, llamada aún ?La Perla del Adriático?... El guía quiere llevarnos a la prisión donde los godos se...
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