Dia de los muertos - neruda

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  • Publicado : 24 de agosto de 2012
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Yo no sé cuántas veces habrá de visitar el cementerio de Kosir en el Día de los Muertos; lo que es esta vez, llegó trabajosamente –las piernas no le responden mucho, aparentemente–. Aparte de eso, actuó igual que todos los años. Su silueta solemne y maciza bajó a eso de las once desde el carricoche que la había transportado; tras ella, el conductor sacó de adentro unas coronas de flores dentro deun envoltorio hecho con un pañuelo blanco, y por último descendió una niña de aproximadamente cinco años, bien arropada. Hará quince años que la señorita María viene en este día flanqueada por una niña de cinco años que escoge en el vecindario.

–¡Muy bien, querida! Mira cuántas personas hay... ¡Cuántas luces y flores! Continúa, sin temor. ¡Adelante! Yo voy atrás de ti.
Muy turbada, la niñacomenzó a caminar. Tras ella iba la señorita María dándole aliento pero sin decirle para dónde tenía que dirigirse. Anduvieron de tal forma un poco, y en eso súbitamente la señorita María dijo "¡Aguarda!" De una de las cruces metálicas sacó una corona mustia, ajada por el viento, y la reemplazó por otra fresca, hecha con flores artificiales rojas y blancas. Luego se sostuvo en un ramal de la cruzcon la mano libre y empezó a orar, sin ponerse de hinojos, porque eso le resultaba ya demasiado difícil. Miró primero el pasto y la parda tierra de la sepultura, pero a continuación alzó la cabeza y sus ojos celestes de mirada limpia, que ornamentaban su ancho rostro simpático, parecieron ver algo en la lontananza. Los ojos fueron inundándosele en lágrimas; se le estremeció la boca; los labios quemusitaban plegarias se estrujaron y por fin un raudal de lágrimas bajó por sus carrillos. La niña la observaba extrañada, pero la señorita no podía ver ni oír nada. Pero después de un momento se recobró, aparentemente con mucha dificultad; exhaló un prolongado suspiro, sonrió tristemente a la niña y le dijo con voz tenue y un poco áspera: "¡Bien! ¡Adelante, angelito, adelante! Adonde te parezca, yovoy atrás de ti".

Siguieron caminando un poco de una parte para otra, adonde se le ocurría a la niña hasta que súbitamente dijo de nuevo: "¡Aguarda!" Fue hacia otra sepultura. Representó otra vez la escena anterior, creo que sin demorarse ni un minuto más que antes. Guardó luego la segunda corona mustia dentro del pañuelo, al lado de la primera, tomó la mano de su diminuta acompañante y ledijo: "¿Frío, no? Volvamos, para que no te haga mal. Te agrada ir en coche, ¿no?" Regresaron despacio hasta el carruaje; acomodaron adentro antes que nada las coronas; después se instaló la niña y, por último y trabajosamente, la señorita. El carruaje se puso en movimiento y el caballo, antes de empezar a trotar, soportó dos o tres fustazos. Esta representación, que ahora se reiteraba, fue igual a laque se ha repetido hasta ahora todos los años.

Si aún fuera un escritor novel, posiblemente apuntaría a esta altura: "El lector se estará preguntando a quienes pertenecen esas sepulturas". Pero sé bien que jamás un lector pregunta nada. El escritor debe forzarlo para que acepte lo que hace, lo cual es un tanto dificultoso. La señorita María era inabordable y extremadamente reservada en lo querespecta a su vida y nunca molestaba a nadie –ni a sus mayores amistades– con sus cuentos. Desde pequeña tenía, y sigue haciéndolo, una sola amiga, la señorita Luisa, que en sus mocedades fue muy bonita y que ahora es la viuda un poco marchita del señor Nocar, un sargento de carabineros. A la tarde se verían ambas en lo de la señora Mocar. Este hecho no es muy usual, ya que la señorita frecuentamuy poco a su amiga en la calle Vlaska; por lo común deja muy excepcionalmente su habitación en la planta baja de una mansión que se encuentra al comienzo de la subida de San Juan; práctica¬mente se puede afirmar que la única salida que hace es para escuchar misa los domingos, muy temprano, en San Nicolás. Su impresionante físico le hace muy difícil caminar; por eso su amiga no quiere que se...
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