Diana palmer- mi adorable enemigo

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Diana Palmer

Mi adorable Enemigo

Una escapada al rancho…

Teddi Whitehall deseaba escapar de su ajetreada vida en Nueva York, y para ello nada mejor que un verano en Canadá con la familia de su mejor amiga… hasta que conoció al arrogante ranchero Kingston Devereaux. Teddi sabía que para King no era más que una chica bonita y frívola, y que la verdad no iba a hacerlo cambiar deopinión.
Enamorarse de un hombre que la despreciaba ya era bastante malo. ¿Por qué, además, tenía que ser el hermano de su mejor amiga?

Capitulo 1

Era una gloriosa mañana de junio, y Teddi Whitehall estaba asomada a la ventana de su dormitorio en la residencia de estudiantes con los codos apoyados en el alféizar y una mirada soñadora en los ojos.
Los edificios del campus universitarioeran de estilo gótico, y parecían sacados de otro siglo, pero eran las vastas extensiones verdes lo que más le gustaba a la joven. ¡Era un cambio tan grande comparado con el sofisticado apartamento de Nueva York donde tendría que pasar sus vacaciones...!
Temía el momento en que tendría que subirse al avión y dejar de ver por un mes su querida universidad de Connecticut, y a su amiga ycompañera de cuarto, Jenna Devereaux. El aire de la mañana era algo fresco, a pesar de ser verano, y la bata de franela que tenía puesta sobre el pijama apenas la abrigaba. Era una suerte que Jenna ya hubiera bajado, pensó, porque si hubiera estado allí en ese momento, la habría reprendido por su impulsividad al abrir la ventana de par en par.
Jenna no era nada impulsiva. En ese aspecto era igual a suhermano mayor. Teddi se estremeció ligeramente. Tal era la reacción que le provocaba el sólo pensar en Kingston Devereaux. Habían chocado desde el primer momento en que se conocieron. Y es que, por mucho que las demás chicas de la residencia suspiraran por el alto ranchero, Teddi únicamente sentía deseos de salir huyendo cuando lo veía aparecer.
A lo largo de los cinco años que Jenna y ellallevaban siendo amigas, Kingston le había dejado muy claro que no le tenía simpatía precisamente. Y todo, ¿por qué? Por culpa de la impresión errónea que tenía de ella, y contra la cual Teddi no podía luchar. Nada de lo que pudiera decirle cambiaría las cosas. Su opinión de ella era tan injusta como el modo en que la trataba, y aquello había hecho que hubiera acabado temiendo las visitas al ranchoDevereaux en Canadá.
El día anterior habían terminado las clases, y Teddi tenía el presentimiento de que una vez más su amiga iba a invitarla a pasar las vacaciones de verano con ella y su familia. Kingston Devereaux volaría en su avioneta desde Calgary hasta Connecticut para recoger a su hermana... y, como las últimas veces, ella buscaría una excusa para no ir.
Dejó escapar un pesadosuspiro. Por lo menos Jenna tenía una madre, un hermano, y un hogar esperándola. Ella no tenía a nadie, excepto a su tía Dillie, hermana de su difunto padre, que en aquellos momentos estaba en la Riviera con su último amante, así que su apartamento de Nueva York, donde iba Teddi durante las vacaciones, estaría más vacío que nunca.
Al menos tenía el consuelo de que con la llegada del verano, laagencia de modelos para la que trabajaba desde los quince años tendría algunas ofertas para ella. Siempre había considerado una inmensa suerte el tener una buena figura y unas facciones armoniosas, ya que así al menos tenía un modo de pagarse los estudios y sus gastos personales. En la agencia estaban encantados con ella. De hecho, si tenían alguna queja, era que opinaban que estaba desperdiciandograndes oportunidades al no dedicarse a ello por entero.
Teddi se apartó de la ventana y la cerró. Su pertenencia al mundo de la moda era lo que hacía que Kingston la despreciase como la despreciaba. Tenía la opinión de que todas las modelos eran unas descarriadas, y el hecho de que su tía Dillie fuera conocida por sus sonados idilios no ayudaba demasiado. Era un hombre anticuado y estrecho...
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