Discurso

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EDUARDO BASTÍAS GUZMÁN

DONDE VUELAN LOS CÓNDORES Una pesadilla y una esperanza

EDITORIAL ANDRÉS BELLO

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A mi esposa Juliana y a todas las personas anónimas que cotidianamente aportan cariño y comprensión, sin esperar retribuciones.

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UNA PUESTA DE SOL DESLUMBRANTE PARA UN DÍA MUY ESPECIAL

Hay. pocos lugares más apropiados que lo alto de las escalinatas de la UniversidadSanta María para apreciar una puesta de sol impresionante. Para Gioconda, la emoción de sentir hecha realidad su llegada a la Universidad se sumó al impacto de la pintura que se coloreaba frente a sus ojos, con los reflejos tras el mar en una bóveda de colores alucinantes. • Parecía un sueño que su vida universitaria fuera a realizarse en 3

Valparaíso, tan cerca de Santiago, al lado dde Viña delMar y sobre un cerro donde la Universidad Técnica Federico Santa María parece un castillo del Medievo. transportado desde alguna ciudadela de vieja tradición europea. Las emociones de esta tarde, bajando pausadamente los peldaños de piedra, mientras el sol pincelaba sus caprichosos destellos con matices de fuego, en el blanco y azul de nubes y cielo, volvería a revivirlas con emoción meses mástarde, en la cama de un hospital al recordar aquel día, el primero en su carrera de Ingeniería Informática, tan sólo una semana lespués de descender del bus que la trajera desde Iquique. Con sólo una maleta y un bolso de manos había hegado a casa de unos amigos muy queridos de sus padres, que la acogieron, hasta que ellos mismos le pulieron conseguir que la aceptaran en una pensión univer- sitaríadel Cerro Alegre. A Gioconda le bastó un dormitorio individual en esa vieja casa, que un inglés contratado por una empresa marítima había construido en el siglo pasado y que 4

aún conserva, con esfuerzo, la línea señorial de.una época esplendorosa. Gioconda no alcanzó a sentirse sola por mucho tiempo gracias al afecto que encontró en doña Luisa, dueña de la pensión, quien había decidido dedicarsus días a la atención de universitarios, más que por una renta, como una forma de compartir su vida en esa enorme casona, acompañándose de estos jóvenes, en quienes veía a sus propios hijos, ya fuera del hogar. —Tienes suerte, hija, que la señora Luisa haya tenido un cupo para ti. Pasó dos años sola con su hija Victoria, la única soltera, desde que sus otros cinco hijos se casaron e hicieron suspropias casas. Ahora se da el lujo de elegir a sus pensionistas —le dijo la tía Antonia, al confirmarle que la recibirían. En su primer día universitario, Gioconda bajó, junto a los hermanos Cárdenas, una muchacha de apariencia quinceañera y el único varón de la pensión, por el Paseo Yugoslavo y el Pasaje Apolo hasta el plan de Valparaíso. Con ellos tomó el bus que la llevó hasta su castillo, como5

decidió llamar al edificio de su universidad. Su primera clase fue a las ocho de la mañana y la segunda terminó a las doce, de modo que tuvo tiempo para conocer los jardines y la piscina, recorrer las callejuelas pavimentadas que se entremeten entre árboles y muros, conocer la biblioteca y el solemne salón de actos o aula magna, antes de reiniciar sus actividades programadas para las dos dela tarde. Fue en esta clase cuando un grupo de unos doce jóvenes llegaron a apostarse fuera de las ventanas, sin pronunciar palabra, pero manifestando notoriamente su presencia. El profesor los vio, suispendió su charla, ordenó sus -puntes y caminó hacia la puerta, despidiéndose imperso- nulmente antes de llegar a la salida, la que de inmediato rae bloqueada por tres macizos muchachos, quienessólo permitieron la entrada de los demás intrusos. —Nos van a mechonear —confidenció Margarita, la joven que se encontraba sentada al lado de Gioconda. El mechoneo no le era desconocido. Sus compañeras de la pensión le habían 6

informado y advertido cómo era la recepción de los mechones o nuevos ahimnos: con oromas, burlas y hasta crueles vejámenes. —En la Santa María son harto considerados....
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