Discursos

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  • Publicado : 8 de marzo de 2010
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¡Viva Tierra y Libertad!
Durante el periodo del terror, en la revolución francesa, un reo de buen humor dijo una vez: la cárcel es un vestido de piedra; pues bien; amigos míos, yo acabo de quitarme uno de esos vestidos, y heme aquí entre ustedes una vez más. Me despedí de ustedes como hermano, y como hermano vuelvo a su lado; revolucionario me despedí, y revolucionario vengo; soy el mismorebelde, y como rebelde les hablo.
Unos cuantos hombres en América, y otros cuantos hombres en Europa, se han impuesto la tarea, nada envidiable ciertamente, de arrojar dudas sobre el carácter del movimiento mexicano, con el fin de que no se preste al Partido Liberal Mexicano el apoyo moral y material que necesita para llevar a buen término su obra de encauzamiento de la revolución por medio de lapalabra, del escrito o del acto.
Movidos por no sé qué baja pasión, esos hombres que se jactan de ser revolucionarios, propalan, jesuíticamente, unos – porque son cobardes – y francamente otros – porque son cínicos -, que el movimiento mexicano no tiene carácter social, y que es simplemente un movimiento de caudillos que ambicionan el poder, como lo han sido la mayor parte de los movimientos armadosque han tenido por escenario la América latina, desde la independencia de sus Estados hasta nuestros días.
La revolución social existe en México, allí vive, allí alienta, allí arde con todos sus horrores y todas sus excelsitudes, porque las revoluciones tienen resplandores de infierno y aureolas de gloria; porque las revoluciones son azote y son beso, lastiman y acarician: son el amor y el odioen conflicto; son la justicia y la arbitrariedad librando el formidable combate del que resultará muerta una de las dos, y del cadáver nacerá la tiranía, si la justicia es vencida, o la libertad, al resultar victoriosa.
La revolución mexicana no es el resultado del choque de las ambiciones de caudillos que aspiren a la presidencia de la República; la revolución mexicana no es Villa, no esCarranza, ni Vázquez Gómez, ni Félix Díaz: estos hombres son la espuma que la ebullición arroja a la superficie. Podrán quitar esa espuma, y subirá otra nueva; y si repiten la operación, nuevas espumas subirán hasta que el contenido del crisol quede libre de impurezas. Esta es la revolución mexicana.
La revolución mexicana no se incubó en los bufetes de los abogados, ni en las oficinas de los banqueros,ni en los cuarteles del ejército; la revolución mexicana tuvo su cuna donde la humanidad sufre, en esos depósitos de dolor que se llaman fábricas, en esos abismos de torturas que se llaman minas, en esos ergástulos sombríos que se llaman talleres, en esos presidios que se llaman haciendas.

La revolución mexicana no salió de los palacios de los ricos ni alentó en los pechos cubiertos de seda delos señores de la burguesía, sino que brotó de los jacales y ardió en los pechos curtidos por la intemperie de los hijos del pueblo.
Fue en los campos, en las minas, en las fábricas, en los talleres, en los presidios, en todos los sombríos lugares en que la humanidad sufre, donde el hombre y la mujer, el anciano y el niño tienen que sufrir la brutalidad del amo y la injusticia del gobierno, dondealentó la revolución mexicana durante siglos y siglos de humillaciones, de miserias y de tiranías.
El periodo de incubación de la revolución mexicana comienza desde que el primer conquistador arrebató al indio la tierra que cultivaba, el bosque que le surtía de leña y de carne fresca, el agua con que regaba sus sembrados; continuó desarrollándose en esa noche de tres siglos llamada épocacolonial, en que los ijares del mexicano chorrearon sangre castigados por la espuela del encomendero, del fraile y del Virrey, y continuó su curso bajo el Imperio y la República federal, bajo la Dictadura y la República central, bajo el Imperio extranjero de Maximiliano y la República democrática de Juárez, hasta llegar a hacer explosión bajo el dorado despotismo de Porfirio Díaz, en que alcanzó su...
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