Divergentes

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  • Publicado : 22 de agosto de 2012
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No me hubiera voluntariado a entrenar a los Iniciados si no es por el olor de la sala de entrenamiento, la esencia de polvo y sudor y metal afilado. Este fue el primer lugar en donde alguna vez me sentí fuerte. Cada vez que respiro este aire lo vuelvo a sentir. En una punta de la habitación hay un trozo de madera con un blanco dibujado en él. Contra una pared hay una mesa cubierta con cuchillospara arrojar, feos instrumentos de metal, con un hoyo en una de las puntas, perfectos para Iniciados inexpertos. Alineados frente a mí están los transferidos de facción, que aún tienen, de una manera u otra, las marcas de sus antiguas facciones: la espalda derecha de los Sinceridad, mirada firme de los Sabiduría, y la Estirada, apoyándose en la punta de sus dedos, lista para moverse. ―Mañana seráel último día de la primera fase, dice Eric. Él no me mira. Herí su orgullo ayer, y no sólo durante la captura de la bandera, Max me preguntó en el desayuno como le iba a los Iniciados, como si Eric no fuera el que está al mando. Eric estaba sentado en la mesa junto a la mía en ese momento, frunciéndole el ceño a su panecillo de avena ― Ustedes van a reanudar la lucha después, Eric continúa. ―Hoy, aprenderán como apuntar. Todo el mundo recoja tres cuchillos, y presten atención, mientras Cuatro demuestra la técnica correcta para tirarlos. Sus ojos caen en algún lugar al norte de los míos, como si estuviera de pie sobre mí. Me enderecho. Odio cuando me trata como su lacayo, como si no le derribé uno de sus dientes en nuestra iniciación. ― ¡Ahora!

Se apresuraron por tomar los cuchilloscomo niños sin facción por un pedazo de pan, demasiado desesperados. Todos menos ella, con sus movimientos deliberados, su rubia cabeza metiéndose entre los hombros de Iniciados más altos. No trataba lucir cómoda balanceando cuchillas en sus palmas, y eso es lo que me gusta de ella, que sabe que estas armas son innaturales y aún así consigue una manera de empuñarlas. Eric se acerca a mí, y me alejópor instinto. Trato de no temerle, pero se cuan inteligente es y si no soy cuidadoso él notara que me quedo viéndola y ese será mi perdición. Giro dirigiéndome al blanco, un cuchillo en mi mano derecha Pedí que el lanzamiento de cuchillos fuese removido del currículo de entrenamiento este año, porque no sirve de nada aparte de avivar la bravuconería de los Intrepidez. Nadie aquí lo usará exceptopara impresionar a alguien, de la manera en que los impresionaré ahora. Eric diría que impresionar a las personas puede ser útil, razón por la cual rechazó mi petición, pero es todo lo que odio de Intrepidez. Sostengo mi cuchillo por la hojilla para que el balance sea correcto. Mi instructor de iniciación, Amar, vio que tenía una mente ocupada, así que él me enseñó a atar mis movimientos con misrespiraciones. Inhalo, y miro al centro del blanco. Exhalo y lanzo. El cuchillo le da al blanco. Escucho a algunos de los Iniciados tomar aire al mismo tiempo. Encuentro un ritmo en ello: inhalo y paso el siguiente cuchillo a mi mano derecho, exhalo y lo giro con la punta de mis dedos, inhalo y miro el blanco, exhalo y lanzo. Todo se oscurece alrededor del centro de ese tablero. Las otras faccionesnos dicen brutales, como si no usáramos nuestras mentes, pero eso es todo lo que hago aquí.

La voz de Eric me saca de mi ensimismamiento. ¡En línea! Dejo los cuchillos en el blanco para recordarles a los Iniciados lo que es posible, y me paro frente a la pared del lado. Amar también fue quien me dio mi nombre, de vuelta en los días en que la primera cosa que hacían los Iniciados al llegar ala facción de Intrepidez era ir nuestro paisaje de miedo. Él era la clase de persona que hacía que un apodo se quedara, tan agradable que todos lo imitaban. Está muerto ahora, pero a veces, en esta habitación, aún puedo oírlo regañarme por aguantar la respiración. Ella no aguanta la respiración. Eso es bueno, un mal habito menos que romper. Pero tiene un brazo torpe, incómodo como una pierna de...
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