Doña fortuna y don dinero

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Siguiendo las costumbres de aquel tiempo, bajo el seudónimo de Fernán Caballero se escondía una mujer, Cecilia Bölh de Faber, que llegó a ser una destacada novelista y periodista, pero nunca osó firmar su obra con su verdadero nombre. Hija de un alemán y una española, nació en Suiza, el 25 de diciembre de 1796. Pasó los primeros años de su vida en Alemania e Italia, hasta que en 1813 seestableció con su familia en España (Cádiz). Cecilia se casó tres veces y las tres enviudó; después de enterrar a su último marido, en 1863 se retiró al palacio real de Sevilla. De toda su obra, fueron las novelas las que le dieron más reputación. Pero, influenciada por las corrientes románticas que en aquel momento estaban en boga en Europa, Fernán Caballero se interesó por la transcripción de los relatosque las gentes del pueblo se contaban entre sí (y a los cuales ni ellos mismos daban mucha importancia), llevando a cabo su labor con buen tino y gracejo, que es como decir que supo conservar un lenguaje sencillo pero certero y mantener en todo momento ese sabor oral que hace de los cuentos un producto imperecedero y especialmente apto para contar.

Nota: el cuento que sigue a continuación vieneintroducido por un delicioso diálogo que reproduce, seguramente, cómo serían las conversaciones entre la propia autora y los narradores a los que acudía para que le contaran alguno de sus cuentos.

Fernán - Vamos tío Romance, cuénteme usted un cuento.

Tío Romance - ¿Qué, señor don Fernán, si los que yo sé no son más que normajos!

Fernán - No le hace; sepa usted que a muchos les gustan loscuentos andaluces, y me dicen que se los escriba.

Tío Romance - ¿Y qué, lo que le cuento a su merced va a ser imprentado? ¡Ah, qué gracia! Vea usted: yo que pensaba que aquellas gentes tan estirazadas, que todas van a la escuela de principios, no les había de gustar más que la latinidad. Pero anda por -Dios, yo he de hacer lo que su merced me mande, que el que te favorece te ayuda a vivir, yes deuda agradecer, que el que no es agradecido, no es bien nacido. Yo iré relatando, su merced irá apuntando y le quitará a la relación mía los escuajos y barbaridades que diga yo, la pondrá repullida como cosa de imprenta, y podrá su merced escribir a aquellos usías:

Entre mi oficial

y yo hicimos este retablo;

si está bueno, lo hice yo,

y mi oficial si está malo.

Quiere su mercedun cuento de encantamiento?

Fernán - El primero que te venga a las mientes; y si usted lo inventa, mejor.

Tío Romance - ¡Qué, señor, yo no sé inventar! Eso de inventar son rayos que se vienen al sentido, y yo tengo el sentido tupido, señor don Fernán; así, le contaré un cuento que sé desde que me salieron los dientes, y ya se me han caído; con que vea usted la fecha que trae.

Fernán -Mejor, los cuentos son como el vino; mientras más viejos, más valen.

Tío Romance - Pues señor, vengamos al caso; era este que vivían enamorados doña Fortuna y don Dinero, de manera que no se veía el uno sin el otro. Tras de la soga anda el caldero, tras doña Fortuna andaba don Dinero; así sucedió que dio la gente en murmurar, por lo que determinaron casarse.

Era don Dinero un gordete rechoncho,con una cabeza redonda de oro del Perú, una barriga de plata de Méjico, unas piernas de cobre de Segovia y unas zapatas de papel de la gran fábrica de Madrid.

Doña Fortuna era una locona, sin fe ni ley, muy raspagona, muy rala, y más ciega que un topo.

No bien se hubieron los novios comido el pan de la boda, que se pusieron de esquina; la mujer quería mandar, pero don Dinero que es engreídoy soberbio, no estaba por este gusto.

Señores, decía mi padre (en gloria esté) que si el mar se casase, había de perder su braveza; pero don Dinero es más soberbio que el mar y no perdía sus ínfulas. Como ambos querían ser más y mejor, y ninguno quería ser menos, determinaron hacer la prueba de cuál de los dos tendría más poder.

-Mira - le dijo la mujer al marido - ¿ves allí bajo en el...
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