Donde el corazon te lleve

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Traducción del italiano por Atilio Pentimalli Melacrino

Susanna Tamaro

Donde el corazón te lleve

PLANETA

CLÁSICOS CONTEMPORÁNEOS INTERNACIONALES

Dirección: Ymelda Navajo Y Manuel García Píriz
Diseño de colección: Nacho Soriano

Título original: Va' dove tí porta il cuore

(c) Baldini & Castoldi, 1994
(c) Baldini & Castoldi International, 1995
(c) Editorial Seix Barral, S.A.., 1994 y 1996
(c) Editorial Planeta, S. A., 1997, para esta edición
Córcega, 273‑279, 08008 Barcelona (España)

Primera edición: mayo de 1997
Depósito Legal: B. 13.310‑1997
ISBN 84‑08‑46226‑1
Impresión y encuadernación: Cayfosa
Printed in Spain ‑ Impreso en España

Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso escrito del editor. Todos losderechos reservados.

A Pietro

Oh, Shiva, ¿qué es tu realidad?
¿Qué es este universo lleno de estupor?
¿Qué forma la simiente?
¿Quién es el cubo de la rueda del universo?
¿Qué es esta vida más allá de la forma
que impregna las formas?
¿Cómo podemos entrar en ella plenamente,
por encima del espacio y del tiempo,
de los nombres y de las connotaciones?
¡Aclara mis dudas!
De un texto sagradodel shivaísmo cachemir

Opicina, 16 de noviembre de 1992

Hace dos meses que te fuiste y desde hace dos meses, salvo una postal en la que me comunicabas que todavía estabas viva, no he tenido noticias tu­yas. Esta mañana, en el jardín me detuve largo rato ante tu rosa. Aunque estamos en pleno otoño, resalta con su color púrpura, solitaria y arrogante, sobre el resto de la vegetación, yaapagada. ¿Te acuerdas de cuando la plantamos? Tenías diez años y hacía poco que habías leído El Principito. Te lo había regalado yo como premio por tus no­tas. Esa historia te había encantado. Entre todos los personajes, tus predilectos eran la rosa y el zo­rro; en cambio, no te gustaban el baobab, la ser­piente, el aviador, ni todos esos hombres vacíos y presumidos que viajaban sentados en susminús­culos planetas. Así que, una mañana, mientras de­sayunábamos, dijiste: «Quiero una rosa.» Ante mi objeción de que ya teníamos muchas, contestaste: «Quiero una que sea solamente mía, quiero cui­darla, hacer que se vuelva grande.» Naturalmente, además de la rosa también querías un zorro. Con la astucia de los niños, habías presentado primero el deseo accesible y después el casi imposible.
¿Cómo podíanegarte el zorro después de haberte concedido la rosa? Sobre este extremo discutimos largamente y por último nos pusimos de acuerdo sobre un perro.
La noche antes de ir a buscarlo no pegaste ojo. Cada media hora llamabas a mi puerta y decías: «No puedo dormir. » Por la mañana, al dar las sie­te ya habías desayunado y te habías lavado y vesti­do; con el abrigo ya puesto, me esperabas sentada en elsillón. A las ocho y media estábamos ante la entrada de la perrera. Todavía estaba cerrada. Tú, mirando por entre las rejas, decías: «¿Cómo sabré cuál es precisamente el mío? » En tu voz había una gran ansiedad. Yo te tranquilizaba, decía: «No te preocupes, acuérdate de cómo el Principito do­mesticó al zorro. »
Volvimos a la perrera tres días seguidos. Allí dentro había más de doscientos perros ytú querías verlos a todos. Te detenías delante de cada jaula y allí te quedabas, inmóvil y absorta en una apa­rente indiferencia. Entretanto, todos los perros se abalanzaban contra la red metálica, ladraban, sal­taban, trataban de arrancar el enrejado con las ga­rras. Estaba con nosotras la encargada de la perre­ra. Creyendo que eras una chiquilla como las demás, para que te animaras te mostrabalos ejem­plares más hermosos: «Mira aquel cocker», te decía. O también: «¿Qué te parece aquel lassie?» Por toda respuesta emitías una especie de gruñido y proseguías tu marcha sin hacerle caso.
A Buck lo encontramos el tercer día de ese vía crucis. Estaba en una de las jaulas traseras, esas donde alojan a los perros convalecientes. Cuando llegamos ante el enrejado, en vez de acudir a nues­tro...
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