Dos crimenes-

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JOAQUÍN MORTIZ • MÉXICO
Edición original [Nueva Narrativa Hispánica], 1979

Primera edición en
de Jorge Ibargüengoitia, diciembre de 1992
Tercera reimpresión, junio de 1997

Jorge Ibargüengoitia, 1979
Herederos de Jorge Ibargüengoitia
D.R. Editorial Joaquín Mortiz, S.A. de C. V.
Grupo Editorial Planeta
Insurgentes Sur 1162, Col. Del Valle
Deleg. Benito Juárez, 03100, D.F.

ISBN:968-27-0540-1

Diseño de colección:
Pablo Rulfo y Teresa Ojeda/ Stega Diseño
Ilustración de portada:
Joy Laville

Fotografía de autor:
Joy Laville

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta,
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por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de
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ÍNDICE

CAPÍTULO I

La historia que voy a contar, empieza una noche en que la policía violó la Constitución. Fue también la noche en que la Chamuca y yo hicimos una fiesta para celebrar nuestro quinto aniversario, no de boda, porque no estamos casados, sino de la tarde de un trece de abril en que ella "se me entregó" en uno de los restiradores del taller de dibujo delDepartamento de Planeación. Había una tolvanera cerrada que no dejaba ver ni el Monumento de la Revolución que está a dos cuadras; yo era dibujante, la Chamuca había estudiado sociología, pero tenía plaza de mecanógrafa, los dos trabajábamos horas extras, no había nadie en la oficina. A la fiesta de aniversario habíamos invitado a seis de nuestros mejores amigos, cinco de los cuales llegaron a lasocho cargados de regalos: el Manotas con el libro de Lukács, los Pereira con el jorongo de Santa Marta, Lidia Reynoso con unos platos de Tzinzunzan y Manuel Rodríguez con dos botellas de vodka del mejor que había conseguido a través de un amigo suyo que trabajaba en la Embajada Soviética.
No he estado en reunión más cordial que el principio de aquella fiesta, hablamos, bebimos, reímos y cantamoscomo si fuéramos hermanos. El Manotas había regresado de vacaciones a la orilla del mar. Describió un lugar apartado, sin turistas, con playa de arena fina, una ensenada de agua cristalina y almejas recién sacadas del mar. Quise saber las señas y él escribió en mi libreta: "del puerto de Ticomán tomar la lancha que va a la Playa de la Media Luna (hotel Aurora)". No imaginé el significado que iba atener para mí este apunte.
A las once la Chamuca sirvió el tamal de cazuela. Estábamos comiéndolo cuando llegó Ifigenia Trejo, la sexta invitada, con un desconocido. Cuando éste cruzó el umbral la fiesta se enfrió como si hubiera caído un aguacero. Ifigenia lo presentó como "Pancho" y a nosotros como "unos amigos".
Desde el momento en que lo vi Pancho me dio mala espina: tenía un diente de oro,papada, traje, corbata y camisa. Lo primero que hizo después de darnos la mano fue pedir permiso para ir al baño. Apenas salió de la sala le pregunté a Ifigenia que estaba sentándose en una de las sillas de tule:
-¿Quién es éste?
-Trabaja en la Procuraduría.
-¿Por qué lo trajiste?
-Porque él quería conocerlos a ustedes.
Como no había suficientes platos, la Chamuca tuvo que usar dos de los deTzinzunzan para servir el tamal de cazuela a los que acababan de llegar. Cuando Pancho salió del baño, se quitó el saco, se sentó junto a Ifigenia y en vez de comer puso el plato en un librero, en cambio, aceptó la cuba libre que le ofrecí. Se la tomó al hilo, luego otra y la tercera se la sirvió él mismo, sin pedir permiso. Aprovechó el momento en que Lidia Reynoso se levantó para servirse dulce-había cocada-, para levantarse de la silla de tule donde estaba sentado y dejarse caer pesadamente en el cojín lila, que Lidia había ocupado y que era el asiento más cómodo que había en la casa. Una vez allí, con las piernas dobladas, empezó a decir sandeces: que los socialistas tienen dogma, que el marxismo es una doctrina política inválida porque no tiene en cuenta la ambición del poder que...
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