Ecrasez l'infáme o desertemos de esta iglesia

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ECRASEZ L'INFÁME O DESERTEMOS DE ESTA IGLESIA

Karlheinz Deschner

"Los crímenes pequeños son objeto de persecución por parte de perros y policías. Los grandes son objetos de reverencia por parte de los historiadores."

K.D.

"Deschner es el crítico de la iglesia más importante de nuestro siglo."

W. Stegmüller

Historiador de la Filosofía

¿Por qué seguimos prestando atención a uncadáver? ¿Al cadáver descomunal de un engendro histórico? ¿A los despojos de un monstruo que ha perseguido, destrozado y devorado a un sinnúmero de personas (hermanos, prójimos, criaturas hechas a semejanza de Dios) con la mejor conciencia y el más sano de los apetitos y eso a 1o largo de milenio y medio a impulsos del ansia de sus fauces o por consideraciones de utilidad. Todo para mayor gloriade su Moloch y para cebarse a sí mismo con creciente voracidad: padres y madres, niños y ancianos, enfermos y tullidos, pobres de espíritu y genios, millones de paganos, millones de judíos, millones de brujas, millones de indios (¡por lo menos 15 millones en una sola generación!), millones de africanos, de cristianos. Todos dados al demonio, matados y digeridos -así a lo largo de la historia yhasta casi nuestros días con la matanza en los años 40 de casi 700 mil ortodoxos servios en la que tuvo parte activa el mismo clero católico ¡con los franciscanos a la cabeza! y no sin la bendición y el beneplácito de Eugenio Pacelli, el papa Pío XII, esa aparición tan perfectamente seráfica, este asceta tan ampliamente venerado, casi divinizado, tan austero y altruista, por lo demás, tan entregado depor vida al ideal de pobreza evangélico que él (no puedo menos de repetirlo incesantemente) no dejó sobre la tierra más que un mínimo peculio, un óbolo de San Pedro o, por así decir, de Eugenio, de Pacelli, por un monto de 80 millones de marcos en oro y divisas –propiedad estrictamente privada, penosamente ganada por la propia laboriosidad y el ahorro (pues sólo una cosa es necesaria, ¿no esverdad?)- por lo que, como premio a tan apostólico estilo de vida, a tan hermosa imitación de Cristo, tiene también en perspectiva una canonización cada vez más próxima ¡Ay!, ¿Qué sátira de la literatura mundial es mejor o tan buena, o siquiera, la mitad de buena que la vita del más famoso de los papas de nuestro tiempo? Y mientras el tío Eugenio, santo hasta los dedos tenues, delgados y largos, (jOh!¡Qué inolvidable era el modo como solía usarlos para bendecir!) metía en sus sacos los 80 millones, sus tres sobrinos, dotados de óptimas prebendas tanto en la Santa Sede como en el big business se embolsaban 120 millones. ¿Y cuántos católicos tuvieron quc sucumbir entonces a la miseria, morir de hambre o reventar de mala manera?

¿No se hace con ello más comprensible nuestra preguntapreliminar, nuestra, aparentemente, tan anacrónica autopsia: la de por qué permanecemos todavía junto a esa abominación de lenguas angélicas que lleva ya doscientos años muerta, limpiamente abatida por algunas de las mejores cabezas del mundo, pero que, en último término, espichó por culpa de sí misma, por causa de su temible sed de sangre (mientras la Buena Nueva enseña el amor al prójimo y a losenemigos) y por causa de su falsedad sin igual (mientras ella se autoalaba como hontanar de la verdad, que dispensa en exclusiva la Bienaventuranza)? Seguimos junto a ella porque su estómago prodigioso -lo único prodigioso en ella- está aún presente por doquier, se pudre a la vista de todos, más mimada y cebada que las vacas sagradas de la India (que al menos están vivas y llenas de candidez); porque suolor llena por todas partes el aire, el mundo; porque sus vaharadas nos llegan aún desde los hábitos y las sotanas, desde las catedrales y los cuarteles, desde los parlamentos, desde los artículos de la ley, desde los textos escolares, desde las hojas de pacotilla y las emisoras. Por todas partes pervive aún la Edad Media, por todas partes se oye el pío lloriqueo, los jubilosos aleluyas y los...
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