Eel zambillon

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–“Seguro efectuado ayer. Póliza correo”. En cuanto hubo don Manuel leído este despacho telegráfico se asomó a la puerta de la oficina y llamó: —¡Antonio! —Voy, señor –respondió una voz varonil y unos pasos precipitados resonaron en el corredor. El patrón clavó un instante sus grises pupilas en la barra, donde se entrechocaban tumultuosas las olas, y ordenó al mozo de atezado semblante queesperaba en el umbral sombrero en mano. —Ve a buscar a Amador y su gente– y volviendo en seguida a su escritorio se absorbió en la importante tarea de rectificar las sumas del libro de caja a fin de hallar el error de un centavo que le impedía cerrar el balance de fin de mes. Entre tanto, Antonio había descendido la colina y caminaba por la orilla de la laguna en dirección del rancho de Teresa, donde, deseguro, encontraría al que buscaba. Sus cálculos no le engañaban, pues al volver un recodo del sendero lo divisó sentado junto a su novia, bajo la pequeña ramada, afanado en revisar los anzuelos de un espinel. Cuando el mensajero estuvo cerca, Amador interrumpió la tarea para decirle: —¿Me necesitan allá arriba, no es verdad? —Y también a Lucho y a Rafael
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El rostro del pescador seensombreció y exclamó son ira: —¡Perra suerte! ¡Ese maldito cascarón va a ser nuestra sepultura! Teresa se levantó airada y, dejando a un lado la costura, profirió con vehemencia: —¡Pero eso es una maldad! La Zambullón está tan vieja que es tentar a Dios moverla siquiera de su fondeadero. ¿No es así, Antonio? El interpelado inclinó la cabeza y guardó silencio, haciéndose el desentendido. Como buen rústicosabía callarse y no adelantar opiniones que más tarde le comprometiesen. Fingiendo gran prisa se despidió diciendo a su camarada: —No te olvides de que a las cuatro comienza a bajar la marea. Amador y Teresa lo vieron alejarse, silenciosos. De pie, erguidos de cara al sol que lanzaba sobre el lago, las colinas y los prados sus cálidos resplandores, los enamorados hacían una hermosa pareja. El, deaventajada estatura, de tez blanca, rostro franco y abierto, encuadrado en una rizada barba rubia, era un gallardo mozo a quien nada arredraba cuando sobre las cuatro tablas de su barco desafiaba impávido la cólera del océano. Ella también era alta y bien formada, garbosa en el andar, de rostro ligeramente bronceado, con
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hermosos ojos pardos llenos de fuego y resolución. Amábanse ambosapasionadamente, y no habiendo nada que se opusiera a su mutuo cariño debían casarse para la Pascua. Faltaban aún tres meses para la fecha fijada, tiempo más que suficiente para que él reuniese el dinero necesario y para que ella preparase su modesto ajuar de boda. El día anterior el mozo recibió de don Manuel la orden de prepararse para conducir la Zambullón a Valparaíso, donde se la destinaría paradepósito de mariscos. Y como le observase respetuosamente el mal estado de la lancha y lo peligroso de una travesía tan larga, el patrón le respondió con severidad que la Zambullón estaba en condiciones de dar la vuelta al mundo sin correr riesgos de ninguna especie. Cuando dio la noticia a Teresa y dejó entrever la repugnancia que le inspiraba el viaje, la joven, cediendo a la vehemencia de sucarácter, le pidió con lágrimas en los ojos que se negase a partir. El amo, por muy amo que fuese, no tenía derecho a disponer de la vida de sus servidores. Mas, cuando el mozo le hizo ver que su resistencia le acarrearía la pérdida del empleo que le daba para vivir y mediante el cual iban a realizar sus vivísimos anhelos de ser el uno del otro, a la indignación sucedió una calma resignada y triste, lamente de la moza se pobló de 8

siniestros augurios y rompió a llorar desconsoladamente. Amador la tranquilizó lo mejor que pudo asegurándole que si se mantenía el buen tiempo y el viento favorable, llegarían al lugar de su destino sanos y salvos. Además, él como ella no quería abandonar aquellos sitios que le recordaban su risueña infancia y donde cada detalle evocaba en su espíritu la...
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