El éxodo de yangana

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EL ÉXODO DE YANGANA

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Quién mató al Comendador? Fuenteovejuna, señor. ¿Y quién es Fuenteovejuna? -Todos a una. Fuenteovejuna LOPE DE VEGA

PRELUDIO EN PALANDA SE OYE UN RUMOR EXTRAÑO
—¿Pero qué es lo que pasa? —se preguntaba, por enésima vez, Joaquín Reinoso, en su solitario refugio de Palanda—. ¿Qué pasa al fin? Desde el medio día ha estado inquieto. En la hora de la siesta, en que lamanigua ardiente se adormece, los sentidos vigilantes del hombre, que vivían montando temerosa guardia desde hacía dos años, creyeron percibir una vaga vibración del suelo, que se propagaba fina y discretamente desde la distancia, ¿se fue el primer mensaje. Suspendio un momento su tarea. Instantáneamente se apagó la vibración del machete entre las ramas. Escuchó, poniendo en tensión toda su vida,tratando de percibir y diferenciar. Porque nunca faltan en la selva —lo sabía él— los intermitentes balbuceos de un lenguaje que el hombre familiarizado con la sombra de sus altas copas conoce muy bien: Una rama que se desgaja, un árbol que se viene abajo lentamente, demorando a veces días enteros a medida que van cediendo las raíces y las ramas chafadas de los otros, un tropel de saínos que pasa,una piara de dantas perseguidas por el puma, una bandada de monos o de pájaros que huyen, se refocilan o se quejan; la voz del viento, el bramido del río, hasta el mudo avance de la neblina, la convulsión de la tormenta que estalla a lo lejos, sobre las copas. El hombre avezado los interpreta todos y mide intuitivamente las distancias. No son raros en él ciertos estados orgánicos incomprensiblesque se caracterizan por un erizamiento de pánico, durante los cuales los sentidos consumen más energía nerviosa, hasta fatigar horriblemente a su dueño y recobran, en compensación, una fulgurante viveza ancestral. En tanto transcurren estos momentos que parecen de morbosa excitación, el cuerpo entero, convertido en un vasto y delicado receptáculo que condensa en toda su superficie lasmodificaciones del mundo exterior, se asemeja a un grande, a un inmenso

sentido total, hecho de la fusión de los cinco. Tan extraña integración asume una potencia de percepción inverosímil. Es capaz, en alguna ocasión, de ver anticipadamente. Y consigue, no solamente entender y localizar en la distancia los ruidos lejanos, sino acertar incluso con la dirección de donde proceden. Pero resultabaindispensable diferenciar a fondo, pues los primeros datos que llegaban a su percepción parecíanle increíbles. Se tendió por primera vez de costado, pegando el oído a la tierra desnuda. Y se irguió nervioso, asustado por una amenaza cuya naturaleza, pese a su penetración de la selva, no alcanzaba a comprender. Érase una trepidación de rebaño, de cascos de solípedos; de talones humanos. Nunca la oscuravibración telúrica había anteriormente hablado así a sus sentidos. Y a medida que la tarde ha ido empujando el sol hacia las copas de los árboles del oeste, tras los cuales parece ir a pasar la noche, el ruido, las emociones inefables, que anticipan la presencia humana, han ido tornándose más y más patentes."Tanto, que, a continuación de su sexta pegada al suelo, ya sin sombra de duda, ha vuelto alrancho, a confirmarle a su mujer la evidencia de lo que fuera su sospecha al mediodía. —El ruido que he estado oyendo toda la tarde es de gente, Rosa Elvira —dice, mientras sube pausadamente las traviesas de su escalera de guadúa—. Acabo de percibirlo ya más clarito. Y parece que es mucha gente. Un tropel de gente. Y que vienen también con animales, con muchos animales. ¡Viven por ahí, por dondevinimos nosotros, en busca del río! —¿No serán jíbaros, tal vez? —pregunta la mujer, con su voz cantarina y mimosa, en trance de parecer serena. —¿Los jíbaros con caballos? ¿Acaso ellos tienen caballos? ¿Los jíbaros con vacas...? No son jíbaros. al cabo de un largo silencio, durante el cual el hombre ha estado en la hamaca balanceándose pensativo, con las manos sobre las rodillas: —|No; no son...
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