El abuelo

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  • Publicado : 18 de febrero de 2012
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Hoy el abuelo despertó temprano como de costumbre y se quedó mirando al techo de siempre por unas horas, hasta que fue trasteado a su parca silla mejorada con rueditas para poderlo mover. Ahora, con los primeros rayos de sol, ya ha recibido su desayuno y le acabaron de bañar. En este momento ha sido regresado a su lugar en la sala de su casa, de frente al televisor.
Sentado en su silla,miró a la abuela con una de sus sonrisas características, sin muchos dientes, pero con toda la malicia que le queda y que puede tener, casi mofándose de ella y de nosotros al ver que no podemos darle aquello que quiere. Quizá sea su venganza contra el destino, la familia y el dios que lo dejaron anclado a aquella silla desvencijada y rústica que solía dejar en un rinconcito de la sala.
Lafamilia acordó reunirse para solucionar algunos problemas, así que los interesados llegaron uno tras otro mientras avanzaba la mañana. Más que solucionar algo suelen discutir asuntos que el abuelo habría terminado con su diplomacia propia: a gritos, mandándonos a la casa de cada uno, o simplemente alejándose en los momentos de mejor humor.
Las discusiones siempre nacen en un borbollón deagravios, órdenes, sugerencias y reglas sobre los detalles que implica cuidar al abuelo. Sentado en un extremo de la sala, con una barba de tres días, vestido con una pijama gris que de un tajo habría rechazado en otras condiciones, el abuelo luce arqueado por el peso impuesto por su cabeza a sus músculos cansados y se mantiene distante, pareciendo distraído. Parece esculcar entre sus recuerdos que noconcuerdan bien unos con otros, pues dura mucho rato ensimismado.
Preferiríamos que permaneciera en ese estado, pues cuando logra encajar una memoria coherente, suele venirse en olas de llanto y eso nos duele a todos, olvidándose la discusión sobre quién hará la guardia en la próxima festividad del calendario. Más que por congraciarse, es un sentimiento de culpa que no sabemos de dónde naceni cuando termina, lo que hace que nos acerquemos a hablarle un poco, independiente de si quiere escuchar. El abuelo levanta la mirada y acepta los consuelos pero su tristeza no durará mucho, tal vez hasta la próxima siesta.
Ya se han ido todos luego de un par de horas más donde surgieron algunos acuerdos. Ahora, por el momento, sólo estamos el abuelo y yo sentados en la salita de su casa.Hoy es otro día insulso, como muchos que ya ha tenido que vivir desde hace más de tres años; sin embargo, puede que sus días ya fueran fofos y quizá por eso su cuerpo se rebeló y decidió ponerle fin a los caprichos de una mente que lo llevaba por una vida sin sentido.
Pasan algunos minutos y el abuelo nota que lo estoy observando, me mira entre perplejo e intrigado como queriendo que lecuente mis pensamientos, aunque podría ser también simple curiosidad por entender si tiene algo diferente que pueda llamar la atención de otras personas. Nunca habrá certeza de eso, pues incluso en los momentos de mayor lucidez, el abuelo se negó a desarrollar un método para comunicarse; quizá le encontró ventaja a no tener que dar explicaciones de sus conductas, aunque sea más probable que no tengaalternativas, pues su conciencia naufraga en medio de las cicatrices de su enfermedad luego de sufrir una hemorragia en el cerebro secundaria a su tensión arterial, y quizá también gracias a sus otras tensiones económicas y emocionales.
El abuelo nunca debió imaginar este futuro, ni en su niñez por allá en la década del 30, cuando vivía privado de tantas cosas; ni en su juventud cuandotuvo que casarse con la abuela, en tiempos donde el honor de la familia tenía una tara muy alta; ni en los inicios de su vida familiar con ella, donde quizá pensaba que los hijos se coleccionaban y no requerían más que comida y vestido, como si la abuela existiera sólo para satisfacerlo a él.
Tampoco lo pensó cuando tuvo que venir a probar suerte con la familia en la ciudad sin más educación...
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