El aleph

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Ecce Homo
por
Louis Claude de Saint Martin

Capítulo I

Cuando en el campo de las ciencias exactas y naturales, nos enfrentamos con los axiomas, no nos preguntamos porque éstos son verdaderos, estamos convencidos que encuentran su respuesta en sí mismos.
Tal sensación encuentra su razón de ser en la relación que existe entre la exactitud de aquellos axiomas y la chispa de verdad que brillaen nuestra mente. Es como si nos encontrásemos de frente a dos rayos de una misma fuente de luz que mismo pareciendo distantes uno de otro, se unen por su analogía y penetrándose, transmiten el calor y la luz recíprocamente.
Servirnos por lo menos de la verdad que los axiomas nos enseñan aunque sea parcialmente, puede ser importante para nosotros, más la existencia de esos dos elementosesenciales que acabamos de conocer no pueden determinar ni la exactitud del axioma ni la intensidad de la chispa de verdad en nuestra mente. Ambos se presentan dotados de una vida natural propia sin peligros de impedimento y los dos rayos podrían separarse sin producir ningún efecto y no perderían su esencia y su carácter constructivo. Un matemático podría encontrarse inmerso en el sueño; esto ciertamenteno impediría la verdad geométrica de existir y ni el ingeniero de poseerla o servirse de ella en el momento oportuno.
Existe por ello, una filosofía que niega todo esto, porque no distingue los seres y su esencia como algo distinto de sus propiedades, porque se detiene en las simples modificaciones de las cosas y niega, o antes, condena abiertamente la existencia autónoma de los seres más alláde las impresiones. Queremos simplemente advertir sobre esto, sin detenernos en una discusión, a todos aquellos que no conocen esta filosofía y aseguramos, que encontrarán en sí mismos la defensa de tales dudas. Sigamos adelante.
El alma humana, sea por un impulso propio, sea por una dádiva, se eleva al sentimiento íntimo del ser universal que abraza todo y produce cada cosa, al sentimiento deaquel ser desconocido que llamamos Dios. El alma nada más procura descubrir los axiomas particulares de cómo darse cuenta de la verdad total por la cual se siente conquistada, no de la viva alegría que la verdad le dirige; esta siente que este gran ser o esté gran axioma existe por sí y que es imposible que no exista. Siente igualmente en sí, a través del contacto divino, la realidad de la propiavida pensante e inmortal. No tiene más necesidad de indagar sobre Dios no sobre sí misma; en el afecto santo y profundo que experimenta y dice para sí, en un verdadero y particular éxtasis de seguridad:
- Dios y el hombre son seres verdaderos que pueden conocerse en una misma luz y amarse en el mismo amor.
¿Como puede el alma tener la sensación exacta de tales verdades inmutables? En virtud de lamisma ley que manifestó a su mente la certeza de los axiomas parciales; ésta siente la existencia inatacable del principio superior de su ser y de ella misma a través de la relación y de los vínculos que existen entre éstas. Entonces sin esto, la convicción de la existencia de estos dos seres no podría alcanzarnos ni fijarse en nosotros, y si este fuego divino no encontrase en nosotros una analogíapoderosa, nos atravesaría sin dejar ningún vestigio y ningún sentimiento de sí.
Basado en la misma ley – que aprovechamos o no los tesoros de la verdad revelados del contacto divino – el hecho posee indiscutiblemente una gran influencia sobre nuestras verdaderas satisfacciones, mas no hay ninguna influencia sobre la existencia en sí de los tesoros, no sobre la existencia de parte de nuestro ser,que constituye su receptáculo.
Así, la privación de este sublime sentimiento en las almas alteradas, e todos los pensamientos ilógicos que de ahí derivan, no pueden aniquilar ni el principio necesario y eterno de los seres, ni la analogía divina que todos nosotros tenemos con éste. Aquello que puede ser confirmado y valorizado por las señales o testimonios exteriores, más no puede derivar de...
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