El alferez real

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A sus tres años de edad, don Cesáreo contrató los servicios de Geroncio, un reputado amansador, que maltrató brutalmente durante ese proceso al Moro, y de manera violenta e irresponsable cumplió esa cruel faena fuera de Hatonuevo. "Geroncio pasaba, no sólo por amansador, sino también por picador (vulgo, chalán), y don Cesáreo dejó a Geroncio el cuidado de arreglarme. En menguada hora tomó taldeterminación, pues a ella se debió la desgracia que más ha acibarado mi existencia y que no permitió que don Cesáreo sacara de ser dueño mío las ventajas que se había prometido. Elsistema de Geroncio para acabar de domar un caballo nuevo, para arrendarlo, para arreglarle el paso y para sacarle brío, como él decía, consistía únicamente en el empleo de medios violentos y bárbaros. A mí me hacíatrabajar sin medida y sin miramiento; hacía sobre mis lomos jornadas largas; me dejaba sin descanso hasta una semana entera; y, lo que era peor, se desmontaba al anochecer a la puerta de la venta de que era parroquiano, me dejaba atado a una de las columnas de la ramada (cobertizo anexo a la casa), y pasaba tres o cuatro horas bebiendo, jugando, conversando y, no raras veces, riñendo". El desafortunadoproceso de amansamiento sirvió para que el Moro adquiriera resabios, por culpa de la estultez y de la brusquedad de Geroncio. El resabio de hacerse "coleador" lo obtuvo de Geroncio.

Después del tosco y malogrado proceso de domesticación, el Moro fue llevado a un potrero de Hatonuevo, donde habían varios bueyes. Allí, como no se podía comunicar con éstos en el lenguaje de los caballos, seentregó a las cavilaciones, luego de haber caído en una negra melancolía. "Di en repasar los sucesos de mi vida, de esta vida tan corta todavía y ya acibarada con tantos padecimientos. Meditaba sobre la crueldad e injusticia del trato que me habían dado los hombres; se me representaban al vivo las escenas en que yo había tenido parte, siempre como víctima, y otras en que había visto maltratar inicuamentea seres de mi especie; ponderaba la insensibilidad de que hizo prueba mi primitivo dueño cuando me entregó a un extraño sin dar muestra alguna de sentimiento, sin hacerme una caricia y sin dirigirme una palabra de cariño; recordaba al odioso Geroncio, que, antes de saber si yo merecería castigo, me aplicaba el más riguroso; me llenaba de indignación contemplando que los buenos hombres que habíansido testigos de mis quebrantos sólo en un caso habían acudido a auxiliarme, y en un caso sólo había habido quien manifestase compasión al verme sufrir. Lejos de mostrarse compadecidos, por lo común habían convertido mis cuitas en materia de chacota y de grosero entretenimiento.

Discurría también que si nuestros tiranos nos procuran el alimento y otras conveniencias, no lo hacen generosamente,por benevolencia ni por afecto, sino porque les interesa conservarnos y mantenernos en un estado en que podamos servirles. Pensaba, finalmente, que las plantas que produce la tierra para sus tentarnos son tan nuestras como el aire y como la luz del sol, y que el hombre, lejos de hacernos favor cuando las destina a nuestroservicio, comete una iniquidad cuando pone límites y cortapisas al uso que deellas podemos hacer". Entonces tomó la decisión de huir de Hatonuevo y de la crueldad de los humanos; pero un caballo llamado Morgante, que pastaba en ese potrero, lo disuadió de su intención. "Hízome ver en primer lugar que cualquiera que fuese el camino por donde huyera, mi dueño no tardaría en descubrir mi paradero, y en hacerme coger, ya por medio de sus propios agentes, ya por el de lasautoridades. Añadió que si, por rara casualidad, lograba burlarme de las pesquisas de don Cesáreo, en ninguna parte había de faltar quien se apoderara de mí como de cosa sin dueño. Me demostró que los caballos no podemos vivir independientes y que el único arbitrio que está en mano de un individuo de nuestra especie, no ya para ser feliz, pues en la tierra (y esto lo dijo suspirando) no se puede...
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