El alma de jorge arteaga

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El Alma de Jorge Arteaga

Estaban hincados en la tierra, sin zapatos. Arrancaban plantas, las cuales revisaban minuciosamente; las hacían a un lado y escarbaban el suelo, avanzando con lentitud. Los hombres usaban sombrero, sólo las mujeres, que por lo general eran sus esposas, tenían en la cabeza alguna mata como las que sacaban, protegiéndose de esa forma de los rayos del sol. Todos ellos,sudorosos y cansados, seguían trabajando con afán la parcela.
También él se encontraba fatigado, pero lo reconfortaba el saber que ya pronto terminaría. El segundo costal estaba casi lleno. Sacó unas matas para acompletar. Momentos después se puso de pié para vaciar el contenido de la cubeta. De una de las bolsas de su pantalón sacó un pedazo de mecate con el cual amarró el bulto.
Después detomarse el agua que estaba en una botella, sacudió su vestimenta. Se dirigió hacia una bodega cercana para entregar los dos costales llenos de cacahuate que llevaba en la parte trasera de la bicicleta, y por los que le darían trescientos pesos por medida.
Cuando estuvo de regreso, tocó en la puerta marcada con el número 12, de una vivienda en las afueras de la ciudad.
-Ya vine, mujer ¿y el niño?-Allá está adentro.
-¿Le seguiste dando las yerbas? -le preguntó al estar en el interior de la casa.
-No.
-¿Entonces?
-En la mañana vino una señora y le inyectó no sé qué cosa. Se durmió y hace un rato despertó. Está bien tranquilo y ya no llora tanto.
-¿Qué hiciste con las yerbas?
-Como no le sirvieron, mejor las tiré.
-Hiciste bien. Toma -dijo él dándole unos billetes -con esto le compras lamisma medicina para que se la inyecten en la noche. Ojalá y se alivie pronto, porque quiero que me vayas a ayudar.
-¿Y cómo me llevo al niño?
-¡No te lo vas a llevar! Lo vas a encargar con alguna de tus hermanas. Hoy llené dos costales y si tú me ayudas, podríamos llenar hasta cinco.
-¡Sí cómo no! Tú llenas dos y quieres que yo llene tres.
-No seas tonta. Lo que pasa es que voy a estar tancontento de que estés conmigo, que el cansancio ni lo voy a sentir y así podré trabajar más. Nos conviene ir porque están pagando muy buen dinero.
-Pues si el niño se mejora, nos vamos.
A la orilla del patio había una hilera de macetas con diversas plantas. El se entretenía en verlas, olerlas y tratar de recordar sus nombres.
De uno de los cuartos salió una persona y se dirigió hacia unlavadero que estaba
al fondo.
-¿Llevas prisa? -preguntó mientras se lavaba las manos.
-No. Usted termine su trabajo. Yo lo espero.
-Te pregunto porque voy a salir con esta persona. Si gustas puedes venir con nosotros o regresar más tarde.
-Voy con ustedes.
-Espérame entonces en la puerta -dijo al terminar. Entró de nuevo al cuarto para salir acompañado por una persona joven que vestía un traje decolor gris.
Subieron los tres a un automóvil Thunderbird, de modelo reciente.
-Espero que todo esto de resultado, señor -dijo el hombre del traje, quien conducía el automóvil-. Estoy dispuesto a pagar lo que usted pida.
-Descuide. Tengo cuarenta años en esto y hasta yo me sorprendo de lo que he logrado. Además el señor presidente lo ha recomendado y me da gusto que gente tan alta me tengaconfianza. Porque en mi trabajo es importante. Eso cuenta mucho.
-¡Confianza la tengo! De lo contrario, en este momento no estuviera aquí.
-Tengo que decirle también, que tiene que venir tres o cuatro veces para que todo sea más rápido.
-Vendré todas las veces que usted me diga. Aunque necesitaré cambiar amortiguadores en cada cita, porque estas calles están para llorar. Pero es lo que menosimporta, al cabo dinero es lo que sobra.
-Por aquí hay un camino de tierra hacia la izquierda.
Se desvió el vehículo de la carretera y siguió su camino durante unos cinco minutos hasta llegar a un arroyo a la orilla de un maizal. Ahí se bajaron. El señor Fierro, con una toalla en la mano y su cliente, se dirigieron hacia el arroyo.
Ese día por la noche, se encontraban los dos en la recámara. El...
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