El amor en los tiempos de colera.

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MEYER CREPUSCULO
— 80 —
trasero junto a Angela y Tyler, anunciando que ya había gozado de mi turno junto a
la ventanilla. Angela se limitó a mirar por la ventana a la creciente tormenta y Lauren
se removió en el asiento del centro para copar la atención de Tyler, por lo que sólo
pude reclinar la cabeza sobre el asiento, cerrar los ojos e intentar no pensar con todas
mis fuerzas.
STEPHANIEMEYER CREPUSCULO
— 81 —
PESADILLA
Le dije a Charlie que tenía un montón de deberes pendientes y ningún apetito.
Había un partido de baloncesto que lo tenía entusiasmado, aunque, por supuesto, yo
no tenía ni idea de por qué era especial, así que no se percató de nada inusual en mi
rostro o en mi voz.
Una vez en mi habitación, cerré la puerta. Registré el escritorio hasta encontrar
misviejos cascos y los conecté a mi pequeño reproductor de CD. Elegí un disco que
Phil me había regalado por Navidad. Era uno de sus grupos predilectos, aunque,
para mi gusto, gritaban demasiado y abusaba un poco del bajo. Lo introduje en el
reproductor y me tendí en la cama. Me puse los auriculares, pulsé el botón play y
subí el volumen hasta que me dolieron los oídos. Cerré los ojos, pero la luz aúnme
molestaba, por lo que me puse una almohada encima del rostro. Me concentré con
mucha atención en la música, intentando comprender las letras, desenredarlas entre
el complicado golpeteo de la batería. La tercera vez que escuché el CD entero, me
sabía al menos la letra entera de los estribillos. Me sorprendió descubrir que, después
de todo, una vez que conseguí superar el ruido atronador,el grupo me gustaba.
Tenía que volver a darle las gracias a Phil.
Y funcionó. Los demoledores golpes me impedían pensar, que era el objetivo
final del asunto. Escuché el CD una y otra vez hasta que canté de cabo a rabo todas
las canciones y al fin me dormí.
Abrí los ojos en un lugar conocido. En un rincón de mi conciencia sabía que
estaba soñando. Reconocí el verde fulgor del bosque y oí lasolas batiendo las rocas
en algún lugar cercano. Sabía que podría ver el sol si encontraba el océano. Intenté
seguir el sonido del mar, pero entonces Jacob Black estaba allí, tiraba de mi mano,
haciéndome retroceder hacia la parte más sombría del bosque.
— ¿Jacob? ¿Qué pasa? —pregunté. Había pánico en su rostro mientras tiraba de
mí con todas sus fuerzas para vencer mi resistencia, pero yo noquería entrar en la
negrura.
— ¡Corre, Bella, tienes que correr! —susurró aterrado.
— ¡Por aquí, Bella! ——reconocí la voz que me llamaba desde el lúgubre
corazón del bosque; era la de Mike, aunque no podía verlo.
— ¿Por qué? —pregunté mientras seguía resistiéndome a la sujeción de Jacob,
desesperada por encontrar el sol.
Pero Jacob, que de repente se convulsionó, soltó mi mano y profirió ungrito
para luego caer sobre el suelo del bosque oscuro. Se retorció bruscamente sobre la
tierra mientras yo lo contemplaba aterrada.
— ¡Jacob! —chillé.
STEPHANIE MEYER CREPUSCULO
— 82 —
Pero él había desaparecido y lo había sustituido un gran lobo de ojos negros y
pelaje de color marrón rojizo. El lobo me dio la espalda y se alejó, encaminándose
hacia la costa con el pelo del dorsoerizado, gruñendo por lo bajo y enseñando los
colmillos.
— ¡Corre, Bella! —volvió a gritar Mike a mis espaldas, pero no me di la vuelta.
Estaba contemplando una luz que venía hacia mí desde la playa.
Y en ese momento Edward apareció caminando muy deprisa de entre los
árboles, con la piel brillando tenuemente y los ojos negros, peligrosos. Alzó una
mano y me hizo señas para que me acercara a él. Ellobo gruñó a mis pies.
Di un paso adelante, hacia Edward. Entonces, él sonrió. Tenía dientes afilados y
puntiagudos.
—Confía en mí —ronroneó.
Avancé un paso más.
El lobo recorrió de un salto el espacio que mediaba entre el vampiro y yo,
buscando la yugular con los colmillos.
— ¡No! —grité, levantando de un empujón la ropa de la cama.
El repentino movimiento hizo que los cascos tiraran...
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