El amor es una falacia

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  • Publicado : 18 de agosto de 2010
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El amor es una falacia, de Max Schulman (De la novela "Los muchos amores de Dobie Gillis")
Ingenioso y entretenido relato. Te aseguro que después de leerlo pensarás dos veces antes de hacer una afirmación.

Yo era frío y lógico. Agudo -calculador, perspicaz, certero y astuto- todo eso era yo. Mi cerebro era tan poderoso como dinamo, tan preciso como las balanzas de un químico, tan penetrantecomo el bisturí de un medico. Y - ¡piensen en esto!- sólo tenia 18 años.
No sucede a menudo que alguien tan joven tenga un intelecto tan gigantesco. Tomen, por ejemplo, a Petey Bellows, mi compañero de cuarto en la universidad. La misma edad, el mismo origen social, pero tonto como un buey. Un tipo bastante agradable, pero sin nada en la cabeza. Del tipo emocional. Inestable. Impresionable. Y lopeor de todo, esclavo de la moda. Opino que las modas son la verdadera negación de la razón. Ser barrido y arrastrado por cada nueva locura que llega, rendirse a la idiotez sólo porque todos los demás lo hacen – esto, para mí, es el pináculo de la irracionalidad. Sin embargo, no lo era para Petey.
Una tarde encontré a Petey tirado en su cama con una expresión tal de desesperación en su cara, queinmediatamente diagnostiqué apendicitis. “ No te muevas”, le dije. “No tomes ningún laxante. Llamaré un médico”.
-Mapache -murmuro con voz ronca.
-¿Mapache? -pregunté, deteniéndome en mi carrera.
-Quiero un abrigo de mapache -se lamentó Petey.
Me di cuenta de que su problema no era físico, sino mental.
-¿Por qué quieres un abrigo de mapache?
-Debí haberlo sabido -gritó, golpeándose lassienes- .Debí haber sabido que volverían cuando el Charleston volvió. Como un estúpido gasté todo mi dinero en textos de estudio y ahora no puedo comprarme un abrigo de mapache.
-Quieres decir -dije incrédulamente- que la gente realmente está usando abrigos de mapache de nuevo?
-Todos los grandes hombres del campus los usan. ¿Dónde has estado tú?
-En la biblioteca -dije, nombrando un lugar nofrecuentado por los grandes hombres del campus.
Petey saltó de la cama y se paseó por el cuarto.
-¡Tengo que tener un abrigo de mapache! -dijo apasionadamente- ¡Tengo que tenerlo!”.
-Pero, ¿por qué, Petey? Míralo desde una perspectiva racional. Los abrigos de mapache son insalubres. Echan pelos. Huelen mal. Pesan demasiado. Son desagradables de ver. Son...
-Tú no entiendes- me interrumpió conimpaciencia-. Es lo que hay que hacer. ¿No quieres estar con el boom?”
-No -respondí con toda verdad.
-Bueno, yo sí -declaró-. Daría cualquier cosa por un abrigo de mapache. ¡ Cualquier cosa!
Mi cerebro, ese instrumento de precisión, comenzó a funcionar a toda máquina.
-¿Cualquier cosa? -pregunte mirándolo escrutadoramente.
-Cualquier cosa -respondió en vibrantes tonos.
Golpeé mi barbillapensativamente. Sucedía que yo sabía cómo poner mis manos en un abrigo de mapache. Mi padre había tenido uno en su época de estudiante. Ahora estaba en un baúl en el altillo de mi casa. También sucedía que Petey tenía algo que yo quería. No lo tenía exactamente, pero tenía primer derecho sobre ello. Me refiero a su chica, Polly Espy.
Por mucho tiempo yo había ambicionado a Polly Espy. Permítasemeenfatizar que mi deseo por esta joven no era de naturaleza emocional. Ella era, por cierto, una chica que me excitaba las emociones, pero yo no era alguien que fuera a dejar que mi corazón gobernara sobre mi cabeza. Yo quería a Polly por una razón astutamente calculada, enteramente cerebral.
Yo era un estudiante de primer año de leyes. En pocos años saldría a practicar la abogacía y estaba bienconsciente de contar con el tipo adecuado de esposa para promover la carrera de un abogado. Los abogados exitosos que yo había observado estaban, casi sin excepción, casados con mujeres hermosas, gráciles e inteligentes. Con una sola omisión, Polly llenaba estas características perfectamente.
Era hermosa. No era aún de proporciones perfectas, pero yo estaba seguro de que el tiempo supliría la falta....
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