El arte de vestir pulgas

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CONTRA LA IDEA DE MÉXICO
Mauricio Tenorio Trillo
He aquí un ensayo radical sobre México y lo mexicano, una enjundiosa, lúcida, risueña anatomía de esa tumba viva que es la idea folklórica de México, la idea triunfal, deformante como ninguna, del México de rebozo, ancestralidad, muralismo, pirámides, violencia y calaveras. Ese México de exportación que habita nuestras cabezas y gobierna nuestrasemociones, parece gritar Mauricio Tenorio, debe morir para que México pueda verse como es y reinventarse a sí mismo

Entre 1939 y 1940 la Exposición Universal de Nueva York se propuso aplacar las languideces de la Gran Depresión con desproporciones tecnológicas y futuristas, con arquitectura y arte de vanguardia, en fin, con estampas del “Mundo del Mañana” (el lema de la exposición). Frente atales afanes, artistas y arquitectos brasileños aventuraron una imagen nacional que, por pecar de cosmopolita, decantó en muy brasileña. Oscar Niemeyer y Lúcio Costa, entonces jóvenes arquitectos, construyeron en Queens un arriesgado pabellón funcionalista, preámbulo de un proyecto estilístico, de una idea de nación, que terminó por apersonarse en la construcción de Brasilia. Así fue que en NuevaYork 1939-1940 Brasil descreyó de los estereotipos.

J. María Machado de Assis (un universal) escribió a fines del siglo XIX:

No hay duda, una literatura [o para el caso, una arquitectura] debe principalmente alimentarse de los asuntos que le ofrece la región a que pertenece: pero no establezcamos doctrinas tan absolutas que la empobrezcan. Lo que se debe exigir del escritor, antes que todo,es un cierto sentimiento íntimo, que lo convierta en hombre de su tiempo y de su país, aunque trate asuntos remotos en el tiempo y en el espacio.

Esta vieja usanza brasileña, la de sospechar de la localofilia, la de innovar, constituyó el envite de la imagen nacional do pais do futuro, al menos en esa Exposición Universal.

Para el público que asistió a la exposición, sin embargo, Brasil noestuvo en su pabellón sino en Carmen Miranda: mangos en el sombrero, samba y pandeiro, trópico y garotas. Para la prensa brasileña, en cambio, Carmen Miranda en Nueva York fue simple propaganda folklórica para ojos estadunidenses. El triunfo en Estados Unidos de la cantante brasileña —por cierto, portuguesa— regresó al Brasil en forma de ironía: el “Boogie Woogie na favela”, una samba de época quehizo sátira de la diplomacia, los estereotipos y el consumo cultural:

Chegou o samba, minha gente
Lá da terra do Tio Sam
Que faz parte da política
Da boa vizinhança.*

México sacó una lección muy distinta de la exposición de Nueva York; a saber: experimentar con la vanguardia y el modernismo. México se dedicó a perfeccionar el estereotipo de la nación mexicana como paraíso mundial deldesenfreno antimoderno y no-occidental, vicio, faltaba más, muy moderno y muy occidental. La presencia mexicana en Nueva York fue un éxito hecho de sobredosis de rebozo, jícaras, Diego Rivera y familia. Aquello fue un repetir a gritos, como se hizo siempre con la imagen nacional en el extranjero a todo lo largo del siglo XX, que, en el caso de México, los dados se cargan del lado de Carmen Mirandaantes que apostar por algo más arriesgado, algo así como un internacionalismo a la mexicana. Esta apuesta duradera no ha sido hecha sólo para deleite de ojos extranjeros, sino también para consumo nacional. La presencia mexicana en el Nueva York de 1939-1940 fue vendida en México mismo como una orgullosa muestra folklórica. Un éxito total, que llevaba entonces más o menos dos décadas y del quetodavía no salimos.

No creo que la verdadera cara de México o de cualquier país sea definible con objetividad científica o con fidelidad racial, histórica o patriótica. Pero es curiosa esta tenaz cara mexicana, este haber habitado por tanto tiempo un estereotipo para consumo internacional, el gesto que asumimos los mexicanos cuando ponemos cara de México. Son curiosas la constancia y la cara a...
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