El arte y el orgullo de vivir la escuela

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 27 (6564 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 21 de enero de 2012
Leer documento completo
Vista previa del texto
I. EL ARTE Y EL ORGULLO DE VIVIR LA ESCUELA

1 Lo magisterial: una escuela para la vida justa La autoestima por la tarea realizada no es el atributo más característico de los profesionales de la escuela, de ahí frases como «hoy ha sido un buen día, no he tenido clase». Los niños tienen mucha paciencia con no pocos de los adultos encargados de formarles. Competitividad, emulación: sueleintentarse hacer del alumno brillante una réplica de uno mismo, de quien parece que a veces no tenemos sin embargo una idea tan brillante. Enseñar resulta ya una tradición donde se ha perdido el respeto a dicho arte, donde los alumnos que empiezan traen un poco de ilusión, y los que terminan no llevan nada o casi nada, a cambio de un diploma que tampoco se sabe si vale demasiado. La escuela parece tanpoco compatible con el saber como el desierto con los druidas, de ahí que si se quiere recuperar a los druidas no hay que otorgar demasiados premios al mejor druida; si se quieren druidas lo mejor será comenzar a plantar bosques. La escuela triste se limita a servir como aparcamiento para adolescentes, guarderías malas y caras que no evitan el azote del desempleo. Incluso en los países donde laeconomía lo permite, los niños ven colmada su vida con una plétora de profesores de esto y de aquello, aunque a la vez padecen una merma de maestros. Mucha aula, apenas escuela. Mucha información, apenas formación. Mucha noticia, poca cognición. Mucho contenido, poca forma crítica. Mucha palabra, poco concepto. Mucha escolástica, poca escuela. Mucha metodología, poca axiología. Muchas cabezas bienllenas, pocas bien hechas. Mucho poco y poco mucho. Bernard Shaw afirmaba que la escuela puede resultar en algunos aspectos peor que una cárcel, pues en una cárcel no se fuerza a los presos a que lean libros escritos por los vigilantes y por el director; hasta Roosevelt se permitió ironizar sobre el sistema escolar norteamericano aseverando que una de las mayores maravillas de la creación es lainfinita capacidad de la mente humana para aguantar en esas circunstancias la introducción de conocimientos; y Charles Colton concluyó que los exámenes son formidables incluso para los alumnos mejor preparados, tan formidables que el más ignorante podría preguntar más de lo que el más sabio puede responder.

2. El “e” del educere y el ducere del “e” El “e” del educere: Todo esto se descubre con rigoretimológico en el breve prefijo e de la palabra e-ducatio. En efecto, todos somos una joya en vías de pulimentación. El maestro descubre el tú de quien le escucha para que el escuchante tome conciencia de su propia mismidad; el tú alumnal es desde el primer momento su punto de partida. Eso se refleja en el prefijo “e” de e-ducar, es decir, de tratar de ayudar a crecer al otro partiendo de lasmejores potencialidades que duermen aún en él mismo (e-ducere, sacar de). Esa brevísima “e” expresa, pues, al propio tiempo con todo su rigor conceptual la dimensión de relación interpersonal presente en cada acto realmente educativo, su misma “e”-locuencia. No existe palabra alguna que no sea respuesta, pero la respuesta sólo es verdadera, cuando asume toda la carga de ahí derivada, vale decir,cuando asume su responsabilidad. El acto de educar no se agota en la respuesta al rostro que me interpela, sino en la asunción de la responsabilidad de ahí derivada. El término espos@ viene a explicarlo a la perfección casi antonomásica si atendemos a su propia etimología: del latín spondere, responder, testifica que sólo se casa verdaderamente quien verdaderamente se hace responsable del espos@. Latradición cristiana alarga esa actitud hasta la muerte al utilizar la palabra responso como respuesta última y definitiva de la comunidad creyente para con quien de alguna manera ha vivido vinculada a ella por la fe. El responso, pues, es ese volver a casarse que ahora se da en la plenitud del tiempo eterno. Es el rostro ajeno el que me exige una respuesta, por eso la vocación del maestro...
tracking img