El asesino intachable

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  • Publicado : 30 de noviembre de 2011
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El asesino intachable
Como perfecto, era perfecto. Yo no tengo la culpa si la filosofía es un bumerang que acaba
desnucando a sus fieles y esa vieja cretina se enamoró de mí, o si un estólido inspector de Policía,
partiendo de un error, se cae sentado sobre la verdad. Es para morirse de risa. Y si las cosas
estuvieran para chistes, me reiría hasta reventar. Qué vieja mal nacida, realmente. Ypensar que
antes del planchazo yo no la odiaba, al contrario, hasta le había tomado una especie de cariño.
Vea, Castillo, yo no soy peor ni mejor que el resto de los seres humanos. Estoy empleado en la
Biblioteca Mariano Boedo, no me emborracho, vivo en una pensión, soy honrado. O era honrado.
Porque para ser absolutamente honrado es imprescindible ser pobre, y ahora ya no soy pobre. Novaya a creer que maté a la vieja por plata, no. El mío era un crimen puro, la plata vino sola. Y
entonces comprendí que Dios me castigaba. Porque a nadie le pagan por algo que está bien hecho.
Tío Obdulio decía: "Desconfiá hasta de los que se sacan la lotería, los ciudadanos honestos ni
siquiera ganan en las rifas; por otra parte, tampoco las compran." Y agregaba: "Y si a pesar de ser
honestospudieran sacarse la lotería, a la semana dejarían de serlo." No sé si está mal que yo lo diga,
pero tío Obdulio era un tipo extraordinario, un pensador. Yo no. Ya le he dicho, yo soy igual a casi
todo el mundo, y hasta poseo una cualidad ordinaria y esencialmente humana que, bien aplicada, es
la que hace avanzar a las civilizaciones: pienso poco. Pero cuando una idea se me mete entre ceja yceja, no paro hasta verla realizada.
Y una tarde se me ocurrió matar a la vieja. Pero, no. Antes se me ocurrió algo más abstracto, más
(digamos) metafísico. Cometer el crimen perfecto. En esto también me parezco a todo el mundo.
Porque es cierto, yo quisiera saber quién, y no hablo de pistoleros profesionales, maridos
adúlteros o herederos impacientes, sino de tipos comunes, buenos padres,filatelistas de puntual
intestino, viejitos que tocan el violoncello en la Filarmónica Municipal, quién no ha soñado alguna
vez su crimen perfecto. No es necesario ser un afligido lector de novelas policiales (yo no lo soy, yo
he leído a Epicteto en mi mesita de la Biblioteca Mariano Boedo, he leído a Pascal), matar con
impunidad, simplemente se piensa. En general, la gente piensa muchas máscosas de las que se
atreve a realizar, e infinitas más de las que acepta confesarse. Sin ir más lejos, mi portera. Es una
gorda buenaza, demócrata, viuda, tiene un San Cayetano con una espiguita de trigo envuelta en
celofán, clavado con una chinche en su puerta. Y, sin embargo (lo escribo no para calumniarla, sino
por estar estrechamente vinculado con mi tragedia), escucha los informativos delas radios
uruguayas, lee, con fervor, las noticias policiales de Crónica. No quiero postular con esto que el
género humano sea inapelablemente sádico, pero me atrevería a afirmar que posee un substratum
demoníaco, un sedimento maligno que, en condiciones favorables, da por resultado actividades
como el fascismo, la Sociedad de Beneficencia o los gobiernos.
Lo que quiero decir es que, enmí, lo humano tomó formas de asesinato. La portera tuvo mucho
que ver con esto. Sin proponérselo, me sugirió la idea.
Un jueves, alrededor de las ocho de la noche, hora en que sé volver de la Biblioteca (me acuerdo
de que fue un jueves, porque los jueves cortan la luz en Boedo de las siete a las ocho), la viuda me
para en portería. ¿Se enteró?, me dice, apuntándome la barriga con la 5ta. ediciónde Crónica. Y ahí
no más me relata todos los detalles de un descuartizamiento espectacular.
El misterio aparente del asunto me fascinó. Durante esa semana, la viuda y yo seguimos con toda
perversidad la espantosa relación del periodista. Una noche, al pasar por la portería y preguntarle
qué tal andaba la cosa, ella, más bien abatida, me contestó:
–Agarraron al asesino: declaró. Lo habrán...
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