El atigrado y las golondrinas

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  • Publicado : 20 de agosto de 2012
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El Atigrado y las Golondrinas

Se desprendía el espiral negro desde las alturas, girando sin cesar como esfera celestial. El fondo azul del cielo exaltaba el círculo mágico, armónico, de un vuelo eterno. Su orbitar es el espejo del universo en el tiempo; es el reflejo de Dios: la creación misma. Así, desde un tejado, observaba El Atigrado el vuelo de las Golondrinas, expectante, paciente cualeterno cazador. Seguía el recorrido meneando la cabeza en pausas como un segundero. Paraba las orejas para oír su canto con más claridad y tal vez descifrar un antiguo código que le pudiera hacer penetrar en su mundo. Tal obsesión regía la vida del Atigrado; quería adueñarse de tan sólo una; quería celebrar un triunfo con una Golondrina en el hocico; quería mostrar a su especie que vencer sólo lologra el audaz y el más fuerte. Así lo entendía El Atigrado que de pronto bajaba la mirada sin dejar de ver, siempre ojeando a su presa, se lamía una pata delantera para después frotársela sobre la cara, lamía una pata trasera para limpiarse la cabeza, tornaba el cuello para lamerse el lomo y se agachaba hacia el frente para hacer el mismo procedimiento a su panza. Nada perturbaba suconcentración, era una ley natural como el correr del tiempo. El Atigrado volvía a su pose normal, más alerta, se acurrucaba para poder brincar sobre su presa en el momento exacto. Con mucha peculiaridad, El Atigrado se posaba sobre sus patas traseras, erguido. Parecía haber descifrado el canto de Las Golondrinas porque, en el momento del canto, se venían en picada en dirección del Atigrado quien tiraba elzarpazo al viento con la esperanza de obtener lo deseado. Pero el zarpazo era siempre retardado; un segundo después de que habían pasado las Golondrinas a velocidad supersónica y haber penetrado en su nicho. Giraba ahora El atigrado todo su cuerpo, tirando zarpazos sin dirección, siempre en vano. Su velocidad de felino era una imposibilidad para la fenomenal velocidad de las Golondrinas.
Día trasdía, la misma imagen llenaba el escenario del tejado. Abajo, los gatos observaban al Atigrado con aire compasivo y de lástima. Comentaban entre sí lo errático de su proceder. Concluyeron que El Atigrado había perdido todo sentido. En vano, lo indujeron a que desistiera de su obsesión: “Deja esas Golondrinas, Atigrado, ellas no son presa para un felino.” Le gritaban. “Ya lo intentaron nuestrosantepasados desde que el tiempo es tiempo. Dios nos brindó otras presas; no vayas en contra de la ley del Señor, Atigrado.” Como un político, El Atigrado no tenía oídos para tales verdades. “Atigrado, baja ya de ese tejado. Convive con los tuyos; nuestra tarea está con los roedores.” El Atrigrado ya no les pertenecía. La imagen se hizo monótona y nadie le volvió a poner atención; lo abandonaron a susuerte. Al principio se divertían viendo al Atigrado tirar zarpazos por todas direcciones. Con el tiempo, su presencia quedó relegada al tejado. Los curiosos preguntaban, “¿Qué hace ése ahí?” “Es El Atigrado; se volvió loco. Quiere cazar una Golondrina…” El enterarse causaba risas aunadas a la resignación de dejarse engañar por una visión falsa.
El Atigrado no dejó de tirar zarpazos. Sin embargo,los espirales formados por las Golondrinas fueron cambiando. Como era normal, su curiosidad lo llevó a concentrarse aún más profundamente. Veía entonces formaciones diversas: a veces era ya una escuadra, ya una columna diagonal, ya un búmerang, ya algo más para después volver a lo mismo. El Atigrado se recostaba sobre su lomo, patas arriba, girando esta vez todo su cuerpo. Se paraba en posiciónnormal y continuaba girando, dando brincos primero en una dirección y luego en otra para ver todas las formaciones de las Golondrinas a su alrededor. Aquel espectáculo le pareció un ejercicio bélico. “¡Qué va!” pensó, “No es para tanto.”
Los cantos de las Golondrinas también cambiaron. El Atigrado escuchaba un constante silbido de turbina el cual penetraba su cuerpo haciéndole erizarse de un...
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