El banq

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El banquete

El sol abrasador se deslizaba por el cielo sobre una tierra donde la sabana y el desierto combatían por la supremacía. Varios miles de soldados acampaban en las afueras de una ciudad sin muros. Dos hombres al frente del campamento observaban los edificios blancos. El primero era un militar condecorado, con cabello canoso, ojos que hablaban de muchas campañas y una expresiónque mostraba que había levantado y derribado gobiernos. El otro era un oficial joven, con una expresión más humilde pero aguda.
-Déme la orden, general, se lo suplico.
-Ya te he dicho que no, Dabir, no insistas.
-Ataque la ciudad, general. La guardia de Ras Tafari son menos de cuatrocientos hombres. Podemos capturar la capital en menos de una hora. Todo Etiopia será suya.
-Nunca pagues por algoque puedes obtener gratis, Dabir. Ras Tafari no puede hacer frente a mi ejército y lo sabe. Me ha invitado al banquete para someterse a mí y pedir clemencia. Después de eso va a haber menos resistencia a mi coronación en las provincias.
-Cada vez que alguien cuestiona su poder él organiza un banquete en su honor, lo elogia y cuando baja la guardia lo asesina. Ya lo ha hecho varias veces. Nadiesobrevive a sus banquetes.
-No puede asesinar a alguien de mi calibre. El sabe que si me hace algo mis hombres azotarían la ciudad y lo desollarían vivo.
-Al menos déjeme acompañarlo, con unos cuantos hombres.
-Como quieras Dabir. Así veras como Ras Tafari se humilla para ganar mi favor.
El caluroso día dio paso a una noche fresca con un cielo negro y estrellado. El general Balcha partió acaballo, seguido por Dabir y veinte hombres.

Al ingresar a la ciudad encontraron las calles vacías. Solo algunas cabezas curiosas se asomaban desde las ventanas. El general murmuro una queja inaudible sobre el recibimiento del pueblo. Dabir observo dos hombres parados en un techo observándolos. Logro distinguir fusiles, ocultados por sus siluetas. Hizo una señal con la mano, y los hombresaceleraron el paso de sus animales, para rodear al general. Los hombres retrocedieron y desaparecieron detrás del techo.
Finalmente llegaron al palacio de gobierno. El mayordomo los recibió -Bienvenido general, el gran Ras Tafari lo espera. Los soldados pueden esperar en la entrada. Dabir se acerco a él. -Tengo entendido que hay una sala al lado del comedor. Creo que ese es un mejor lugar. Y si quieremantener la paz, saque a todos los guardias del comedor.
-Pero ese pedido es inaudito, va contra el protocolo.
-¿Desea que el ejercito que espera afuera ingrese a la ciudad?
El mayordomo asintió y se adelanto para dar la orden. Poco después el general Balcha y Dabir ingresaron al comedor. Era amplio y lujoso, con alfombras persas y un enorme candelabro de cristal. En el centro, en una gran mesaredonda, esperaban parados Ras Tafari y los hombres más importantes del estado.
-Pase lo que pase no demuestres miedo. Lo único que mata es el miedo.-Le susurró el general a Dabir.-Dabir apretó los labios.
Ras Tafari, un hombre de piel trigueña y barba negra, abrió sus brazos cortésmente.
-Bienvenido general. Es un placer y un honor tenerlo con nosotros. Por favor siéntense.
El general norespondió el gesto pero se sentó.
Ras Tafari continúo.
-Señores, nos hemos reunido para decidir el futuro de nuestro país. Una enorme amenaza se cierne sobre él. Al otro lado del mediterráneo el poder de Mussolini se acrecienta, y con el su osadía.
El duce no ha hecho ningún esfuerzo para ocultar sus deseos de convertir Etiopia en su colonia. Hay un tema de geopolítica, es verdad. Conquistándonosterminarían de unir sus colonias de Eritrea y Somalia. Pero esto va más lejos. Para ellos es un tema de principios. La guerra entre Etiopia e Italia es el único conflicto en la historia en el que un estado africano derroto a un poder colonial europeo. El único en la historia, caballeros. La excepción a la regla. Yo tenía solo cuatro años pero aun recuerdo el júbilo del pueblo cuando, mi padre, que...
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