El derecho a la ternura

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Luis Carlos Restrepo nació en 1954 en Finlandia, departamento del Quindío, Colombia. Es médico psiquiatra y magister en Filosofía. Ha trabajado como psiquiatra social y terapeuta clínico, en lo que él llama "Clínica del afuera", en el campo de las patologías colectivas (drogodependencias, violencia, etc.).
Es asesor del Ministerio de Educación Nacional de Colombia para el Proyecto Nacional deEducación Sexual, profesor de Psicología Clínica de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá en la cátedra de "Clínica del afuera", y profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Pedagógica Nacional en el Programa Educación Especial y Neuropedagogía.
Fue Coordinador General del Mandato por la Paz, movimiento civil que en 1997 llevó a diez millones de colombianos a expresarsemediante votación directa por el cese inmediato de la guerra interna. Su primer libro, La trampa de la razón, fue publicado por Arango Editores en 1989. Desde entonces ha publicado: Libertad y locura, Proyecto para un arca en medio de un diluvio de plomo, Ecología humana: ética del amor y pacto entre géneros, Semiología de las prácticas de salud, La fruta prohibida Está preparando su próximo libro: Elretorno de lo sacro.

EL DERECHO A LA TERNURA

Estamos acostumbrados a reivindicar y opinar sobre los grandes derechos de la vida pública: libertad, trabajo, vivienda, educación, sufragio, sanidad… Pero no hablamos casi nunca de los derechos de la vida cotidiana que están confinados a la esfera íntima. Derechos no menos importantes, no menos necesarios. A esta categoría de derechos relegados,casi vergonzantes, pertenece el derecho a la ternura. Ahora bien, lo privado, constituido por las rutinas de la vida cotidiana, impregnado en las dinámicas del afecto, es precisamente el espacio donde se desarrolla lo público y donde se manifiesta la ternura.
Todo está ordenado para que sólo lo público sea objeto de consideración y de valía. Lo demás son cuestiones menores, sin gran relevanciapara la vida. Lo privado está condenado al anonimato cuando no al olvido. Relegada a la esfera de lo privado, la ternura nunca aparecerá en la esfera pública. O lo hará de forma vergonzante. “Perdón por la debilidad”, decimos cuando nos emocionamos en público.
Sería sorprendente ver a los señores parlamentarios discutiendo en el Congreso sobre la naturaleza y la necesidad de la ternura, elaborandoun sesudo articulado sobre el derecho de todo ser humano a disfrutar de ella y promulgando luego una ley que garantizase ese derecho. Parece más lógico verlos preocupados por la alta política internacional y por las esenciales peculiaridades de la macroeconomía.
No creo que el derecho a la ternura sea un don generoso de gobernantes magnánimos, sino una respuesta a una necesidad imperiosa de losindividuos. No me refiero sólo a los niños y a las niñas (a quienes por supuesto y en primerísimo lugar me refiero) sino a todos los seres humanos, incluidos los sapientísimos y poderosísimos varones que nos bendicen y gobiernan.
Algunos obstáculos dificultan el desarrollo de este derecho. El primero es nuestra concepción del mundo como un campo de batalla. El guerrero piensa en la conquista, en elpoder, en la victoria, en la lucha, en la destrucción. La caricia será, en todo caso, una recompensa o un consuelo posterior. Nos hemos acostumbrado a que los personajes que triunfan en el ámbito público sacrifiquen el mundo de los afectos en aras de un triunfo que exige dureza y agresividad. El segundo obstáculo es la separación radical que se ha hecho entre lo cognitivo y lo afectivo. Esaseparación radical es muestra clara de nuestro analfabetismo afectivo. Afortunadamente, cada vez estamos viendo de forma más clara que lo típicamente humano, lo verdaderamente humano es la afectividad. Las máquinas pueden llegar a ser más inteligentes, pero nunca tendrán la capacidad de expresar afecto y ternura. El tercero es la estrategia educativa que nos ha alejado a los varones de los valores...
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