El diablo de los numeros capitulo 5

Capítulo 5
La quinta noche
De repente, se había acabado. Robert esperó en vano a su visitante del reino de los números. Por la
noche se iba a la cama como siempre, y la mayoría de las vecessoñaba, pero no con calculadoras
grandes como sofás y cifras saltarinas, sino con profundos agujeros negros en los que tropezaba o con
un desván lleno de baúles viejos de los que salían gigantescashormigas. La puerta estaba cerrada, no
podía salir, y las hormigas le trepaban por las piernas. En otra ocasión quería cruzar un río de
caudalosas aguas, pero no había puente, y tenía que saltar de unapiedra a otra. Cuando ya esperaba
alcanzar la otra orilla, se encontraba de pronto en una piedra en medio del agua y no podía avanzar ni
retroceder. Pesadillas, nada más que pesadillas, y ni por asomoun diablo de los números.
Normalmente siempre puedo escoger en qué quiero pensar, cavilaba Robert. Sólo en sueños tiene uno
que soportarlo todo. ¿Por qué?
-¿Sabes? -le dijo una noche a su madre-,he tomado una decisión. De hoy en adelante no voy a soñar
más.
-Eso está muy bien, hijo mío -respondió ella-. Siempre que duermes mal, al día siguiente no atiendes en
clase, y luego traes a casamalas notas.
Desde luego, no era eso lo que a Robert le molestaba de los sueños. Pero se limitó a decir buenas
noches, porque sabía que uno no puede explicárselo todo a su madre.
Pero apenas se habíadormido cuando la cosa volvió a empezar. Caminaba por un extenso desierto, en el
que no había ni sombra ni agua. No llevaba más que un bañador, caminó y caminó, tenía sed, sudaba, ya
tenía ampollasen los pies... cuando al fin, a lo lejos, vio unos cuantos árboles.
Tiene que ser un espejismo, pensó, o un oasis.
Siguió trastabillando hasta alcanzar la primera palmera. Entonces oyó una voz quele resultó familiar.
-¡Hola, Robert!
Alzó la vista. ¡Sí! En mitad de la palmera estaba sentado el diablo de los números, abanicándose con las
hojas.
-Tengo una sed espantosa -exclamó Robert....
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