El esclavo

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  • Publicado : 13 de enero de 2011
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“SEIS MIMUTOS AL AZAR”
La noche ya está en todo el cielo. Él entra con la velocidad con que entran las culebras a sus cuevas. Cierra la puerta y en el mismo movimiento enciende la luz. Ellaarroja ropa desde su ropero hacia la valija que, como un pozo sin fondo, está abierta en medio de su cama. Él se quita la corbata y lo hace volar sin detenerse a averiguar donde caerá; entra a la pequeñacocina, alcanza a iluminarse con la luz de la heladera y toma una botella; cierra, la luz se apaga, y con la botella en la mano camina hacia la ventana.
Ella hizo tronar el cierre de la valija; dosmangas y un cordón se resistieron todo lo que pudieron. Levantó las llaves que estaban en la alfombra de lana y tierra y caminó con pasos largos hasta la puerta. Él se paró frente a la ventana. Lasluces del cartel de neón del viejo edificio de enfrente le iluminaron la cara: azul, amarillo, rojo, azul y rojo otra vez. Ella abrió la puerta y salió al pasillo. Cerró; se calzó la campera y con unmanotazo liberó el cabello que había quedado preso entre la prenda y su espalda; estiró las piernas unas seis veces y pulsó el botón del ascensor.
Él, otro él, está acostado mirando el techo. Un calorque transforma las sábanas en pegamento. Por qué le habré dicho que estaba bien, hacia casi un año que no la veía y cuando me preguntó cómo andaba, yo le dije: bien. Si ella supiera que mi vida fue unabasura desde que la vi por última vez. Si supiera que estuve pensando en ella más de lo que debe pensar ella en sí misma. Bien, le dije. Pensé en terminar con todo más de una vez, pensé en terminarcon todo para dejar de sentir que me faltaba; y hoy, nos cruza el destino y yo le digo bien. Maldita sea... todo. Bien... eso le dije. No hubo mucho tiempo de más.
Giró en la cama como giran lasfocas en la arena. Parece un camalote llevado por el río. Sudor y sábanas pegajosas. La luz, sólo la que se cuela a través de su persiana desde los pares que inundan la avenida.
Ella, otra ella,...
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