El eternauta y otros cuentos

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EL ETERNAUTA (y otros cuentos de ciencia ficción).
Oesterheld

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roby2001@gmail.com

H. G.

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EL ETERNAUTA (y otros cuentos de ciencia ficción).
Oesterheld

H. G.

Dirección de colección: Juan Sasturain Diseño de colección: Juan Manuel Lima
Dibujo de tapa y viñetas interiores: Francisco Solano López

© Ediciones Colihue S.R.L.
Av. Díaz Vélez 5125 (1405) Buenos Aires-Argentina

I.S.B.N.950-581-913-7

Hecho el depósito que marca la ley 11.723
IMPRESO EN LA ARGENTINA - PRINTED IN ARGENTINA

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EL ETERNAUTA (y otros cuentos de ciencia ficción).
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ÍNDICE

El Eternauta
Sondas
Una muerte
El árbol de la buena muerte
Un hombre común
Retorno
Un extraño planeta... planeta... planeta...
Paria espacial
El Eternauta: tres veces Salvo

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EL ETERNAUTA

Un crujido en la silla del otro lado del escritorio. Alcé los ojos y ahí estaba, otra
vez.
El Eternauta, mirándome con esos ojos que habían visto tanto.
Durante un largo rato se quedó ahí, mirando sin ver el tintero, los libros, los
papeles desordenados sobre el escritorio.
—Te conté de Hiroshima... —dijo yapoyó la cabeza ya blanca sobre la mano—.
Te conté de Pompeya...
Hizo una pausa, me miró sin verme; de pronto sonrió.
—Ni yo mismo sé por qué te hablo de todo eso... —y la voz le venía de quién
sabe qué eternidad de espanto, de quién sabe qué inmensidad de dolor y angustia—.
Quizá te hablo de todo esto para borrar con otro horror el horror que trato de olvidar.
Mientras cuento vuelvo a vivir lo quecuento... Y si hablo de Hiroshima, si hablo de
Pompeya, olvido el horror máximo que me tocó vivir. ¿Qué fue Pompeya, qué fue
Hiroshima al lado de Buenos Aires arrasado por la nevada?
Volvió a callar. En el cuarto vecino, alguna de mis hijitas se revolvió en la cama.
Me estremecí. ¡Qué desnudos estamos en el mundo, qué blanco fácil somos!
—Ya te conté... —el Eternauta vacilaba en reanudar surelato— cómo me separé
de Elena y de Martita. Ya te conté cómo, buscándolas, quedé perdido en el espacio y
en el tiempo... Lo que no te conté todavía es cómo siguió la invasión de los Ellos.
—¿Cómo? —lo interrumpí—. ¿Sabes acaso cómo terminó la invasión?
—Por supuesto que lo sé...
Los ojos se le redondearon de espanto y por un momento creí que iba a gritar.
—Por supuesto que lo sé... —repitió—. Yo volví ala Tierra poco después de que
tratara de escapar metiéndome con Elena y Martita en la cosmonave de los Ellos... Yo
se lo pedí, y el Mano me ayudó a volver. Fue él quien me llevó a una extraña gruta
abierta en la roca, una gruta con paredes de cristal con luces extrañas que saltaban
de una pared a la otra. Era como estar en el centro de un endiablado fuego cruzado
de ametralladoras luminosas queno hacían daño, que no hacían más que encandilar,
aturdir con tanto destello multicolor. Allí creo que me desvanecí. Recuerdo sólo el
rostro del Mano, iluminado por los destellos que le irisaban los cabellos, mirándome
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con ojos que sonreían tristes. Sí, debí desvanecerme. Y la gruta de los cristalesdebió
ser otra máquina del tiempo.
Cuando volví en mí, cuando volví a ser dueño de mis sentidos, me encontré en el
lugar menos esperado: estaba en el agua, nadando. Un agua bastante fría, color
marrón. Un río ancho aunque no demasiado, pero muy caudaloso. Sauces en las
orillas, un árbol de flores rojas: seguro que un ceibo.
Orillas familiares, muy familiares... Comprendí en seguida que eso era elTigre. Y
cuando reconocí un chalet supe que estaba en el río Capitán, no lejos del recreo
"Tres Bocas".
La corriente era fuerte. Yo había dejado de luchar contra ella y me dejaba llevar,
nadaba oblicuamente hacia la orilla con los sauces verdes y los ceibos de flores
rojas... Una "golondrina de agua" me pasó por delante, con chirrido leve, y se alejó
rozando el agua. Seguí nadando. El corazón me...
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