El Fabricante De Deudas

EL FABRICANTE DE DEUDAS

SOCORRO.— (Entusiamada). La señorita Pitusa contraerá enlace con un partido rico y, para colmo de
bendiciones, ¡extranjero!
JACINTO, GODOFREDA, JOBITA— ¡Congratulaciones, señora!
SOCORRO.— (Maternal). En fin, hijos, puesto que ustedes son lo que son gracias al democrático espíritu de mi abuelo, el General Pinzón, espero que sepan callar los rigoresdel momento y esperar la abundancia futura.
(Entra apresurado Obedot).
OBEDOT.—¡Jacinto! ¡Llama por teléfono de mi parte al señor Obeso y ruégale que venga de inmediato a verme por un asunto extremadamente delicado! ¡Pon mucho énfasis en eso de «extremadamente delicado»! (Pausa) ¡Corre! (Cuando jacinto va a hacerlo) ¡Oye! ¡No olvides el whisky y el champan francés! (jacinto lo interroga conla mirada y la actitud) ¡ Arréglate como puedas! ¡Corre!
JACINTO.—Haré lo que esté en mis manos hacer... (Sale).
OBEDOT.— (A Jobita). Tú, anda inmediatamente con el chofer a las mismas tiendas a las que llevó a la señora anteayer y diles a los vendedores que te entreguen inmediatamente el pedido. Las cuentas serán pagadas en la casa, al contado, a la sola presentación de las facturas.JOBITA.— Sí, señor. (Va a salir. Se detiene) ¿Y si se niegan?
OBEDOT.— Insiste, insiste. Que venga contigo un empleado para pagarle aquí mismo en dinero contante y sonante.
JOBITA— Sí, señor. (Vuelve a detenerse) ¿Y la gasolina para el auto?
OBEDOT.— (Irritado). ¡Que la pague el chofer! ¡No le han de faltar unos soles en el bolsillo!
JOBITA.—Bien señor.. (Sale apresurada).
OBEDOT.— (Entusiasta). ¡Ytú Godofreda, hoy tienes que hacer milagros con las ollas! Se sentará a nuestra mesa esta noche el Marqués de Rondavieja. Estarán también el distinguido señor don Bernardo Torrecillas, y el señor y la señora Obeso. Siete en total
GODOFREDA.— (Tímida). Pero señor...
OBEDOT—¡Vuela! ¡No hay tiempo que perder!
GODOFREDA.—Pero el verdulero, el carnicero, nadie quiere...
OBEDOT.—(Intimidante). ¿Nadie quiere qué?
GODOFREDA.—Nadie quiere vendemos al crédito ni siquiera una lechuguita.
OBEDOT.— (Seguro). Eso no es problema. Acude a los competidores de esos malos comerciantes. En el país reina el libre comercio.
GODOFREDA.—¿Pero cómo les pagaré, señor?
OBEDOT.— Abre cuentas corrientes en sus almacenes... (Ante un gesto de la mujer) Inspírales confianza que eso franquea las puertas delcrédito.
GODOFREDA.— (Vacilante). Lo intentaré, señor. (Va hacia la puerta. Antes de salir) ¡No puedo pagarles, con mi plata, lo lamento!
OBEDOT.— (Va como un rayo hacia ella) Godofreda, en el régimen liberal el crédito es toda la riqueza. Si los pequeños comerciantes de este barrio desconocen tan simple y sabio principio económico, practicado aún por nuestro Supremo Gobierno en sus complejasfinanzas es que son unos ignorantes. (Pausa) O, tal vez unos pérfidos comunistas. (Pausa). Y si tú los encubres, también serás sospechosa de comunismo.
GODOFREDA.— (Alarmada). Yo no, señor... (Se persigna) Ellos quizá, pero yo jamás.
OBEDOT.— (Con tono tranquilo). Además, si los proveedores resultan enemigos del orden público y te exigen dinero, dales sin temor del tuyo. Te haré ganar buenosintereses. Diez soles semanales por cada cien de inversión. ¿Te parece bien? Es mucho mejor interés que el de la Caja de Ahorros, ¿no es cierto?
GODOFREDA.— (Cayendo en la trampa) — ¿La Caja de Ahorros? Bah, una miseria, señor.
OBEDOT.— (Triunfal). ¿Y cómo es posible, mujer, que sirviendo en mi casa, trabajando en el hogar de un hábil financista, entregues tu dinero a manos egoístasinescrupulosas? ¡En adelante, yo seré tu Caja de Ahorros ¡ 10% semanal de intereses!
GODOFREDA.— (Ganada por la codicia) ¿Es cierto eso, don Luciano?
OBEDOT.—En este asunto no soy tu empleador. Soy tu socio.
GODOFREDA.— (Contenta). ¡Oh, gracias, señor! ¡Hoy comerá usted manjares celestiales! (Sale corriendo).
OBEDOT.— ¡Querida, esta buena mujer tiene inactivos, en el arca de esa sórdida Caja de...
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