El fracaso del consenso de washington

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Capítulo del libro: El fracaso del Consenso de Washington. La caída de su mejor alumno: Argentina.

CRISIS 1: EL ESTADO EN LA MIRA

La segunda mitad de los años setenta fueron en la Argentina años perdidos —más aún, de retroceso— porque la dictadura de entonces obstruyó la vida política y, consecuentemente, el debate y la reflexión social. En ese período el país se endeudó y perdióautonomía al abrir las puertas al poder efectivo de los organismos internacionales, principalmente el FMI, que desde entonces y de manera creciente imponen la definición de los problemas y las prioridades a la hora de tomar decisiones en el Estado.
Desde ese momento comenzaron a revertirse los principales indicadores socio-económicos que hacían de la Argentina un país relativamente homogéneo: lainformalización del empleo fue el primer signo y desnudó, además, las limitaciones de los sistemas proteccionales; la atención de la salud devino un recurso de discriminación, aunque negado por el discurso autoritario, el crecimiento de la pobreza se hacía patente y marcaba el fin del mito de la Argentina igualitaria, sin hambre ni desocupados.
El primer presidente elegido democráticamente en los añosochenta, Raúl Alfonsín, creyó que enfrentaba una crisis transitoria, consecuencia inmediata de un mal gobierno de la dictadura. “Con democracia se come, se cura y se educa”. Pero entonces estalló la crisis de la deuda en América Latina, y los valores del Estado de Bienestar y la sociedad del trabajo. Los ochenta también fueron años perdidos: terminaron con un PBI negativo y con casi el 40 porciento de la población por debajo de la línea de pobreza, producto de un proceso inflacionario desbocado.
La hiperinflación desatada en 1988-90 dejó una sociedad inerme y, finalmente, permeable al discurso neoliberal de la crisis, del que se apropió el presidente elegido entonces, Carlos Menem.
A la vez, la política social, lejos de compensar semejante disparidad, contribuyó a consolidar unaestructura social profundamente desigual. Esto fue así debido a que las reformas de los sistemas previsional, educativo y de salud limitaron la cobertura (en alcances y/o calidad), y por la naturaleza asistencialista de la atención de la emergencia alimentaria, la desocupación y la pobreza en general.
La noción de “crisis” se había instalado en el sentido común como un fenómeno ajeno a la voluntad y alas decisiones políticas, lo que dejaba poco margen para comprender el juego de poder en el que se imponen y definen los problemas y se deciden los caminos de acción.
La radicalidad ideológica de los principales ejecutores de estas políticas en la Argentina y la desaprensión en el manejo de los asuntos públicos que caracterizó al gobierno de Carlos Menem (1989-1999) condujeron a lasprivatizaciones descontroladas de empresas públicas de sectores estratégicos, tales como el de las comunicaciones, la explotación de hidrocarburos y la aerolínea de bandera. Y a la desatención de la protección del trabajo y de las necesidades sociales más elementales. Hoy la mitad de la población se alimenta de la basura que proviene del consumo normal de la otra mitad, mientras las empresas y bancosextranjeros pujan por llevarse hasta el último dólar de reserva y presionan al gobierno para obtener compensaciones al verse reducidos, luego de la devaluación del peso en enero de 2002, los extraordinarios márgenes de ganancia que giraban en dólares a sus casas matrices y que les permitían mantener tarifas y condiciones beneficiosas en sus países de origen.
En síntesis, dictadura e hiperinflación nosólo fueron expresiones dramáticas de la crisis, sino también estrategias en la construcción de un nuevo orden social y de un Estado diferente, que expresa el poder sin contrapeso del capital trasnacional y reserva el asistencialismo o la filantropía a quienes han perdido las viejas estructuras políticas de protección. Dictadura e hiperinflación, cada una a su turno, profundizaron los alcances...
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