El frasco de la melancolia

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  • Publicado : 15 de agosto de 2012
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El frasco de la melancolía

Desde la muerte de su esposa, el rey de Zafiria era presa de tal melancolía que había dejado de gobernar. Solo y sin hijos que heredaran su reino, debía elegir a un sucesor entre sus súbditos.
Pero el rey melancólico no se ocupaba ni de éste ni de ningún otro asunto de palacio. Encerrado en sus aposentos reales, pasaba todo el día tendido en la cama, sin fuerzaspara hacer nada.
Sus criados ya lo habían probado todo para sacarle de aquel estado. Habían llevado al palacio a los mejores bufones del reino, pero en lugar de reír el rey había llorado de pena y los artistas se habían marchado muy afligidos. Habían iniciado la construcción de un nuevo castillo, mucho más grande y moderno, pero tras el entusiasmo inicial se cansó de él antes de que estuvieraterminado. Incluso le habían presentado mujeres de belleza extraordinaria para que volviera a casarse, pero las había rechazado.
El tiempo pasaba y los consejeros del rey temían que éste acabara muriendo de pena sin sucesor, lo que sumiría al país en el caos. Entonces, llegó la noticia de que en el bosque más alejado del reino vivía un sabio que tenía remedio para todo. Al enterarse, los consejeros delrey decidieron mandar a buscarlo para que curara al rey melancólico.
Una expedición partió de inmediato hacia el Bosque del Sabio, como era conocido por ser la morada de aquel hombre de inteligencia excepcional. Tras cinco días de viaje, llegaron a una selva formada por árboles tan altos y espesos que apenas dejaban pasar la luz del sol. Se extrañaron que el sabio hubiera elegido un lugar tansalvaje y hostil para vivir, pero aun así se internaron en el bosque para buscarle.
La expedición recorrió aquel lugar dando voces para encontrar al Sabio del Bosque, pero sólo respondían los pájaros que cantaban desde las altas copas de los árboles. Cuando ya estaban a punto de darse por vencidos, encontraron a un anciano vagabundo sentado sobre una roca junto a un riachuelo. Iba vestido con unsaco gastado, del que salían sus delgadas piernas y brazos. El jefe de la expedición le preguntó con autoridad:
—Viejo andrajoso, ¿sabes dónde podemos encontrar al Sabio del Bosque?
—Joven atolondrado, lo tienes ante de tus ojos.
El enviado del reino desenvainó la espada, dispuesto a dar un buen susto a aquel anciano desvergonzado, pero sus compañeros le convencieron de que le siguieran lacorriente al Sabio del Bosque hasta saber cuál era su remedio. Por consiguiente, se sentaron alrededor del vagabundo y le ofrecieron comida y bebida mientras le explicaban la extraña melancolía que se había apoderado de su rey. El Sabio del Bosque dijo:
—Este problema es muy fácil de solucionar. Traedme al rey aquí, que le voy a quitar la melancolía.
—Eso es imposible —dijo esperanzado el jefe de laexpedición
—Nuestro señor está tan triste que ni siquiera se levanta de la cama. El anciano nunca había abandonado el bosque, pero lograron convencerlo para que les acompañara hasta el palacio. Antes de emprender el largo viaje, el Sabio del Bosque llenó un frasco de cristal con agua del riachuelo.
—Es para medir la melancolía —aclaró.
Luego se pusieron en camino. Una vez en el palacio, loscriados lavaron al Sabio del Bosque e intentaron cambiarle la ropa para llevarlo ante el rey melancólico. Sin embargo, el anciano exigió que le devolvieran su viejo saco para poder obrar el milagro.
Por tanto, lavaron también esta prenda, y cuando estuvo seca, el Sabio del Bosque se presentó con esta facha ante el rey.
—Dejadnos solos —exigió a los súbditos. Cuando se cerraron las puertas, el reypreguntó desde la cama al anciano quién era y por qué le habían traído ante su real presencia.
—No hagas tantas preguntas y sal de tu lecho, que tienes mucho que hacer.
El rey estaba tan asombrado de que un viejo vagabundo le hablara de ese modo que no pudo contener un ataque de risa. Al otro lado de la puerta, los criados no daban crédito a lo que oían. Era la primera vez que oían reír al rey...
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