El fundamento metafisico del seguimiento de cristo

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  • Publicado: 11 de septiembre de 2012
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EL FUNDAMENTO METAFISICO
DEL SEGUIMIENTO DE CRISTO

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El resumen de toda la vida moral cristiana es la santidad: “sed santos porque Yo, vuestro Dios, soy santo”[1]. Expresión que, radicalmente tomada, no debe referirse tanto a una santidad en el obrar (en la conducta moral), cuanto a una santidad más decisiva: la santidad en el ser, de laque depende el actuar humano[2]. La tendencia tradicional de la teología ha sido centrar la moral sobre el comportamiento, sin reflexionar a veces lo suficiente sobre el fundamento esencial que lo sustenta.
Naturalmente, la ética versa acerca del comportamiento humano y a él debe referirse. Sucede, no obstante, que bastantes problemas morales sólo encuentran una recta solución,enfocándolos desde una perspectiva de fe especialmente apoyada en una sólida base metafísica. Otras perspectivas[3], es difícil que puedan dar soluciones correctas a los casos complejos, pues tenderán a un enfoque circunstancial, olvidando el ser propio de las cosas y del hombre[4].
Por lo demás, "el amor y la vida según el Evangelio no pueden proponerse ante todo bajo la categoría de preceptos ...Sólo son posibles como fruto del don de Dios"[5]. Por eso "está en crisis una 'preceptística' no unida al sentido de la vida"[6]. Es imprescindible, en consecuencia, buscar un fundamento de la vida moral cristiana, que dé sentido a todo el resto de la moral. Los preceptos, las orientaciones de conducta, los límites (pecados), etc., deberán surgir de este fundamento como el río viene de sumanantial.




1. El fundamento evangélico


Hace ya años que se viene trabajando en esta dirección. La moral, como toda teología, busca su fuente en la palabra revelada por Dios. Por ello, varias líneas de fundamentación de la moral se apoyan en la invitación evangélica al seguimiento de Jesucristo[7]. "Ven y sígueme"[8] es la paráfrasis escriturística de que arranca la Encíclica Veritatissplendor[9] para su razonamiento posterior.
Muy resumidamente puede decirse que tal seguimiento viene a ser una respuesta del hombre al don de Dios en Jesucristo[10]. Una respuesta que debe proyectarse en plenitud humana, en razón del contenido de la misma invitación de Jesús a seguirle y por referirse precisamente a su persona[11]. El seguimiento de Jesús –como es sabido– fue, desde elprincipio, muy diferente de una ordinaria escuela humana de aprendizaje o de una simple imitación de su comportamiento. Por su propia manera de ser no admite parcialidad –esto sí, esto no–: o se acepta plenamente a Jesús, con todas sus palabras y exigencias, o no se llega a ser discípulo suyo.
Habitualmente se describen en varias etapas o momentos en ese seguir a Cristo, ligeramentevariables de unos autores a otros. Son los que se pueden leer en el Evangelio y que se aplican también hoy en día a los discípulos del Señor: desde la elección divina y la iniciación en el Bautismo, con la recepción del Espíritu Santo, hasta la glorificación final en la bienaventuranza eterna[12].
El siguiente paso es constatar que el Espíritu Santo recibido es la raíz vital de un seguimiento deCristo en plenitud[13], porque “es Él quien interioriza en nosotros la Verdad del Amor de Cristo”[14]. Esto da, a la ética cristiana, una originalidad y novedad extraordinarias frente a la normativa veterotestamentaria y a cualquier otra norma humana de conducta. Y permite lo que las solas fuerzas humanas no lograrían alcanzar: la plenitud en el seguimiento de Cristo[15].
Ese camino, porser en plenitud, no concluye en Jesucristo. Su seguimiento, y la simultánea identificación con El que el Espíritu Santo produce en el creyente, tienen como fin la gloria del Padre[16]. Una glorificación no extrínseca, como pueden dar a Dios las demás criaturas y que le es, en el fondo, superflua; sino una participación en la gloria intrínseca de las Personas divinas. El Espíritu de Cristo nos...
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