El hombre espiritual

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  • Publicado : 4 de enero de 2011
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VIDA ESPIRITUAL PARA EL HOMBRE DEL MUNDO Annie Besant Continuamente oye uno a gente pensante y seria quejarse de las circunstancias de su vida. “Si mis circunstancias fueran otras, cuánto más podría yo hacer; si no tuviera tantos asuntos que atender, si no estuviera tan amarrado por preocupaciones y ansiedad, tan ocupado en mi trabajo, entonces podría vivir una vida más espiritual.” Esa es una delas quejas más fatales, y es falsa. Ninguna circunstancia puede jamás estorbar el desenvolvimiento de la vida espiritual. La espiritualidad no depende del ambiente, sino de la actitud del hombre hacia la vida. Si un hombre no comprende la relación entre lo material y lo espiritual; si separa lo uno de lo otro como incompatibles, como rivales, como antagónicos, como enemigos, entonces la presiónde las ocupaciones seculares, los fuertes impactos del ambiente material, las tentaciones físicas, y el mantener el cerebro ocupado en estas cuestiones, hará aparecer como irreal la vida del Espíritu. Ese es un error fundamental. Es la tendencia moderna a separar lo que se llama sagrado de lo que se llama profano. La gente dice que el domingo es el Día del Señor, como si todos los días no fueranigualmente Suyos. Eso es como decir que seis partes de la vida no son espirituales y una sola ha de dedicarse al Espíritu. Son frases que dan una falsa idea. Lo correcto es decir que el Espíritu es la vida y el mundo es la forma, y que la forma debe ser una perfecta expresión de la vida. El mundo es la expresión de la Mente Divina. Todas las actividades son formas de la actividad Divina. Las ruedasdel mundo giran por la voluntad Divina. Los hombres son solamente las manos de Dios que tocan la rueda. El mercader contando su dinero, el tendero atendiendo en su mostrador, el médico en hospital, todos estos pueden estar tan ocupados en una actividad Divina como cualquier predicador en una iglesia. Mientras no podamos ver la Vida Divina por doquiera como raíz de todas las cosas, somos nosotroslos que tendremos una lamentable actitud profana, ciegos a la visión beatífica que consiste en ver la Vida Única en todas las cosas y todas las cosas como expresiones de esa Vida. Si es cierto que Dios está en todas partes y en todas las cosas, entonces Él está tan en la plaza de mercado como en el desierto, tan en los bancos mercantiles como en la selva, tan en las calles congestionadas de unaciudad como en la cumbre de una montaña. Si no oímos la voz de Dios en todas partes es porque somos sordos, y no porque esa voz Divina no hable. Es una debilidad nuestra, y si nuestros oídos fueran más agudos, si fuéramos más espirituales, podríamos

escuchar la Voz Divina tan fácilmente en una ruidosa urbe como en el más bello escenario natural. Eso es lo primero que debemos entender: que novemos porque nuestros ojos están ciegos. Pero pasemos ahora a considerar las condiciones para que el hombre del mundo pueda vivir la vida espiritual. Pues hay condiciones. Se han preguntado ustedes alguna vez por qué abundan a su alrededor cosas que quisieran poseer? Si esas cosas no estuvieran hechas para atraernos, no estarían allí. Si fueran estorbos, ¿por qué se las habría colocado en nuestrocamino? Todos esos juguetes atractivos tienen por objeto inducirnos a hacer esfuerzos. Y así crecemos. El resultado lo vemos en nosotros mismos: algún poder se ha despertado, alguna facultad se ha desarrollado, alguna capacidad oculta se ha convertido en una facultad activa. Y así vamos pasando de una etapa de evolución a la siguiente. Crecemos, no por los frutos que obtenemos, sino por los esfuerzosque hacemos para lograrlos. Ahora bien, cuando los objetos pierden su atractivo, la primera tendencia del hombre es a dejar de esforzarse. Pero eso podría llevarlo al estancamiento. Cuando los objetos del mundo están haciéndose menos atractivos, es el momento de buscar algún nuevo motivo. Y el motivo para la acción en la vida espiritual es cumplirla porque es un deber, y no por la recompensa...
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