El horla de maupassant

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Sobre cómo nombrar la locura: una lectura del Horla de Maupassant.
Cecilia Eudave

La primera vez que leí El horla[1] de Guy Maupassant tenía 12 años, y recuerdo bien que no dormívarios días pensando que los seres invisible merodeaban a mi alrededor. Durante mucho tiempo el vaso de agua en la mesita de noche dejó de ser indispensable, no volví a beber durante las noches. Creí tanfirmemente, como el personaje, que los Invisibles eran una plaga que llegó de Sao Paulo y que la Revue du Monde Scientifique no podían mentir. Así, con esa certeza, dejé que mi vida transcurriera. Perohace poco tomé de nuevo el libro y descubrí que Maupassant era un viajero de los mundos subterráneos y conocía demasiado bien la conciencia humana para sólo inspirarme ese primer miedo juvenil.Entonces, esos seres invisibles, que al principio sólo representaban una amenaza fantasmagórica literaria, se convirtieron en estados de perturbación metal que pueblan el mundo.
Sí, hay tantosHorlas como locuras u obsesiones se acumulan en la cabeza de los individuos, porque cada locura es única e invisible, aunque el Horla, de Maupassant, sea la singularidad de todos en una. Locura u obsesiónque responde a una presión del exterior (¿Social?, ¿moral? ¿familiar?, ¿personal? ), y que habita en nuestro interior, o cae sobre nosotros, sin saber cómo atraparla, cómo erradicarla.
Entonces,imaginé a este escritor, abrazado a la paranoia y a la fragilidad mental que lo hizo preso durante toda su vida, atreviéndose a desafiar y a desafiarse, porque personificó, humanizó la locura (si es queera locura y no un Horla) encarnándola en:
“los seres invisibles que merodean al hombre o que han sido soñados por él... Se diría que el hombre, desde que piensa, ha presentido y temido a un sernuevo, más fuerte que él, su sucesor en este mundo... sintiéndolo cerca...”
Nuestros bajos instintos, nuestros delirios más raros, las perversiones más nuestras están aquí, en el cuerpo de los...
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