El horror de red hook de h.p. lovecraft

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EL HORROR DE RED HOOK

H. P. Lovecraft

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I

No hace muchas semanas, en la esquina de una calle del pueblo de Pascoag, Rhode Island, un peatón alto, de constitución fuerte y aspecto saludable, dio mucho que hablar a causa de su singular comportamiento. Al parecer, habla bajado por la carretera de Chepachet, y al llegar a la parte más densa había torcido a la izquierda, porla calle principal, donde varios bloques de modestos establecimientos dan cierta impresión de núcleo urbano. Al llegar allí, y sin causa aparente, manifestó su singular comportamiento: miró un segundo de forma extraña hacia el más alto de los edificios, y luego, profiriendo alaridos aterrados e histéricos, inició una frenética carrera que concluyó cuando tropezó y cayó en el cruce siguiente.
Unasmanos solicitas le recogieron y le sacudieron el polvo, descubriéndose entonces que estaba consciente, físicamente ileso, y claramente repuesto de su repentino ataque de nervios. Murmuró unas avergonzadas explicaciones sobre cierta tensión que había soportado, se encaminó con la cabeza gacha hacia la carretera de Chepachet y emprendió el regreso sin volver la vista atrás ni una sola vez.Encontraron extraño que le sucediera a un hombre tan corpulento, robusto y de aspecto tan normal un percance semejante; extrañeza que no disminuyó al oír los comentarios de uno de los mirones, que le habla reconocido como el huésped de un conocido lechero de las afueras de Chepachet.
Resultó ser un detective de la policía de Nueva York llamado Thomas F.
Malone, el cual se encontraba disfrutando de unlargo permiso, para someterse a tratamiento médico, tras un trabajo excepcionalmente arduo en un espantoso caso local de dramáticas consecuencias. Varios edificios de ladrillo se habían derrumbado durante una redada en la que él había participado, y hubo algo en la mortandad general, entre detenidos y compañeros suyos, que le habla horrorizado de manera especial. A causa de ello, habla adquirido unhorror agudo y anómalo a todo edificio que se pareciese siquiera remotamente a los que se hablan derrumbado, de manera que al final los psiquiatras le prohibieron contemplar cualquier edificio de ese tipo durante algún tiempo. Un médico de la policía que tenía familia en Chepachet sugirió que dicha aldea, formada por casas coloniales de madera, podía ser un lugar ideal para su convalecenciapsíquica, y allí se habla retirado el paciente, prometiendo no aventurarse a andar por calles con fachadas de ladrillo de las grandes poblaciones hasta que le aconsejase debidamente el especialista de Woonsocket, con quien le habían puesto en contacto... Este paseo hasta Pascoag con idea de comprar revistas había sido un error, y el paciente había pagado su desobediencia con un susto, algunas contusionesy una humillación.
Esto era cuanto sabían los chismosos de Chepachet y de Pascoag; y eso era, también, lo que los doctos especialistas creían. Pero al principio Malone había contado a los especialistas mucho más; aunque dejó de contarles nada al ver la absoluta incredulidad que reflejaban sus semblantes. A partir de entonces guardó silencio, y no protestó en absoluto cuando todos coincidieron enafirmar que había sido el derrumbamiento de los ruinosos edificios de ladrillo del sector de Red Hook, de Brooklyn, y la muerte consiguiente de muchos esforzados oficiales, lo que había ocasionado su desequilibrio nervioso. Había trabajado demasiado, dijeron, en la limpieza de aquellos nidos de desorden y de violencia; algunos detalles fueron horrorosos a todas luces, y la inesperada tragediahabía supuesto la gota que colmaba el vaso. Esta era una expli- cación simple que todo el mundo podía entender; y como Malone no era un simple, comprendió que era preferible dejarlo así. Hablar a unas gentes sin imaginación de un horror que escapaba a toda concepción humana -de un horror que se cobijaba en casas y en edificios y en Ciudades invadidas por el cáncer y la lepra de una maldad venida...
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