El Humanismo Freudiano

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Freud, lector, científico y humanista

El impulso contradictorio del positivismo y de sus inclinaciones literarias hizo que el padre del psicoanálisis explorara con la conciencia de los hombres y develara sus mecanismos secretos. Desde entonces, los artistas corrieron el riesgo de que sus obras fueran leídas en clave psicológica y perdieran su ambigüedad



Sigmund Freud. Foto:Reuters / Library of Congress

Siempre hay algo paradójico en el hecho de que un autor de ficciones hable sobre Sigmund Freud. Un poeta es un hombre que no analiza ni interpreta sus sueños; se limita a soñarlos. Los personajes de un novelista o un dramaturgo son eso, personajes, o en el mejor de los casos, personas en el sentido griego de la palabra, máscaras dramáticas, seres reales en un mundoimaginario. Para el psicoanalista, sueños y personajes son símbolos universales por develar, caminos hacia una verdad que es (o anhela ser) científica. La verdad de la poesía no exige demostración alguna. Cuando Edipo mata a su padre o Hamlet a su madre, ni Sófocles ni Shakespeare quieren decirnos que todo hombre desea matar a sus padres, sino que ese príncipe y aquel rey, puestos en esa situación,fueron llevados al parricidio o al matricidio. Tal vez el poeta llegue a sentir que él mismo sería capaz de comportarse como sus seres de ficción, pero, muy probablemente, no admitirá que esos instintos sean universales: el artista necesita ser único, singular en la acepción kierkegaardiana de la palabra. Freud, ese implacable detective de los sueños, es, en este sentido, el gran desenmascarador delartista; su rival más temible. De ahí que tantos escritores experimenten, al pensar en él, un sentimiento dual, lleno de prevenciones. Por un lado, es imposible no admirar su clarividencia, esa lucidez casi demoníaca que le permitió entrar a saco en la conciencia de los hombres y desarticular sus mecanismos secretos como si leyera una escritura cifrada; por el otro, es difícil no sentir que esalectura entraña un peligro para la poesía. Por fortuna, también el propio Freud vio ese peligro. Basta leer las diez lacónicas líneas que redactó como prólogo al Edgar Poe, de Marie Bonaparte, para sospechar que cierto tipo de análisis le resultaba, acaso, vagamente repulsivo.
La circunstancia

En el siglo XVIII, el racionalismo de Leibnitz, el empirismo escéptico de Hume y la ciencia positivafísico-matemática de Newton habían llevado a la razón casi al confín de sus posibilidades. Kant acometió la empresa de salvar el saber, el espíritu, la moral y la religión sin abdicar ninguna de las conquistas del pensamiento moderno. Concluyó que la ciencia y sus leyes explican el mundo, pero sólo permiten conocer los fenómenos; concluyó que el espíritu no procede del mundo fenoménico ni estásometido a las leyes científicas, sino que las impone. Salvó el saber y salvó el espíritu, pero los puso ante su último límite. La razón pura no puede conocer la cosa en sí , que, si aún es algo, siempre estará más allá de los fenómenos: no hay respuestas para los grandes problemas metafísicos de la inmortalidad, de la libertad, de Dios, y si las hay son extra-racionales. Quedan, como queríaAristóteles, una razón práctica y una razón poética, pero la metafísica, como ciencia, es imposible. Después de Kant sólo quedaban tres caminos. Razonar acerca de los límites de la razón, o contra ella, o hacer de cuenta que Kant no había existido. Hegel eligió el último. Para resumirlo con alguna brusquedad, Hegel retomó y llevó hasta las últimas consecuencias la idea leibnitziana de que nuestro mundo es elmejor de los mundos posibles: si la razón es lo Absoluto, si todo lo real es racional y todo lo racional es real, el hombre y su mundo han dejado de ser problemáticos. Nietzsche, Marx, Kierkegaard y Freud, cada uno a su modo, sintieron que el mundo de Hegel era como la Dinamarca de Hamlet.

Freud acaso no llegó a pensar que vivimos en el peor de los mundos posibles, pero sintió que el hombre...
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