El incognito

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  • Publicado : 30 de mayo de 2011
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|EL REINO DE LAS COSQUILLAS O TICKLEKINGDOM |

I
Todo era alegría y excitación aquél día en el Reino. Nadie escapaba a ese sentimiento de regocijo y honda emoción que hacía latir con descompasado golpeteo todos y cada uno de los corazones de los habitantes del hasta ahora conocido como el Reino de laPrincesa Triste.
-¿Qué sucede?, preguntaba un recién llegado que se regalaba la vista con las idas y venidas de las más preciosas doncellas que jamás hubiera visto, todas exultantes de alegría, riendo sin parar y cuyos pequeños piececitos aceleraban el paso cuando el desconocido posaba su mirada en ellas.
-¿Qué sucede, qué sucede?, repitíó en esta ocasión agarrando del brazo a un anciano que en esemomento también corría, a su manera, intentando zafarse del molesto inquisidor.
-¡Ven a Palacio y lo verás con tus propios ojos!, le contestó.

 
II
El Rey, un venerable anciano, había perdido a su esposa hacía ya 20 años, cuando, ésta, al dar a luz a una preciosa niña, había muerto en el alumbramiento. El monarca, profundamente enamorado de la reina, había dedicado desde entonces su vida alcuidado de su reino y de su queridísima hija. Sin embargo, desde hacía muchos años, se enfrentaba a un problema al que no encontraba solución posible: la Princesa languidecía de tristeza. Su padre intentaba con todos los medios posibles a su alcance, hacer que su preciosa niña fuera feliz; sin embargo, la Princesa no reía, no sonreía jamás, y esto entristecía terriblemente a su adorado padre quehabía utilizado todas las estrategias posibles, hasta las  más inversosímiles, para hacer que la princesita sonriera al menos una vez.
-¡Si al menos mi dulce niña sonriera una vez, sólo una vez para así endulzar mis últimos días ...!, suspiraba el monarca.
Sus tristes ojos verdes miraban el mundo con indiferencia y desinterés. Sin energía y desmotivada, pasaba los días encerrada en su habitación.Echada en la cama lloraba y suspiraba sin cesar. No quería ver a nadie, ni siquiera a sus mejores amigas.
El Rey estaba desesperado, temeroso de perder a su hija si la situación no mejoraba.
Un día que se encontraba más abatido que de costumbre, sentado al lado de la ventana abierta que daba al jardín, la cabeza apoyada en sus manos, triste, resignado a su mala suerte, el corazón desgarrado porla tristeza de su adorada hija,... un sonido angelical llegó a sus oídos: ¡un ruiseñor cantaba su amor al mundo entero!. Abrió sus ojos, levantó la cabeza y miró a través de la ventana a ese pequeño ser maravilloso que producía un sonido mágico que era como una caricia para su cansado corazón.
Entonces comprendió de repente. Una luz de esperanza se abría paso en la oscuridad. Ahora sabía comohacer que la risa iluminara la cara de su niña: ¡Organizaría una fiesta! Una espléndida fiesta donde todo el mundo podría intentar hacer que Ella volviera a la vida, utilizando todos los medios posibles sin restricción alguna. Todo estaba permitido para alcanzar el objetivo que no era sino “¡Hacer que la Princesa riera!”.
Las órdenes oportunas fueron cursadas con celeridad. La idea fue acogida conjúbilo por los cortesanos. La fecha para el evento fue fijada inmediatamente, y toda la corte se puso a trabajar en los preparativos de forma tal que, una vez que todo hubo estado organizado, no había alma que durmiera por la noche cavilando estrategias y más estrategias para hacer reír a la Princesa. Por las noches se podía “oir” pensar y trabajar los cerebros de todos los habitantes del reino.
 III

El tan deseado día llegó al fin. La multitud se arremolinaba a las afueras de Palacio, que estaba repleto de cortesanos ataviados con sus mejores galas para la ocasión.
El Rey estaba sentado en su trono. La Princesa a su lado, con los ojos rojos como de haber estado llorando toda la noche. Sin embargo, estaba preciosa. El vestido de seda color turquesa resaltaba sus bellos y tristes...
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