El jardin de las delicias democráticas

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  • Publicado : 9 de septiembre de 2012
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El jardín de las delicias democráticas.

Philippe Braud

Resumen: En este texto es posible entender distinciones conceptuales, o mejor dicho, diferentes connotaciones que tiene cierta terminología, tales como; Pueblo, Ciudadano, Derecha-Izquierda. Estas tienen ciertas definiciones, simbología y connotaciones distintas, debido, por ejemplo, al contexto histórico. El autor se preocupa declarificar algunas de ellas.

Ser del PUEBLO.

Si en el lenguaje político actual sigue ocupando un lugar central, ello se debe a que, pluralista o no, la democracia descansa supuestamente sobre la soberanía popular. Se define a la democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Lo que se dice.

En el nivel del lenguaje, la idea central de la democracia, su principiobásico se explicita en tres direcciones.

1. El pueblo existe como ser primero. Es una entidad inicial y primordial anterior al Estado y preexiste a cualquier idea de gobierno. Según el discurso político habitual, el pueblo instituye a sus gobernantes, los inviste de sus competencias constitucionales: es el origen de todo poder legítimo. El pueblo es ante todo un concepto (filosófico), unareferencia abstracta. Cuando, en el siglo XVIII, las teorías racionalistas del contrato social triunfan sobre las concepciones providencialistas o paternalistas de la autoridad política, se impone la idea de un pactum societatis mítico del cual emerge esa persona colectiva que es el Pueblo. Formada por libre unión de las voluntades individuales. En cambio, según otra concepción, el pueblo aparececomo el héroe carnal de una historia épica que canaliza las proyecciones emocionales. El Pueblo aparece como símbolo de la masa con el rostro viril y energético del obrero con su casco de trabajo; él expresa el dinamismo del progreso así como la energía revolucionarían, excepto cuando, en otro registro, aparece en calidad de víctima ejemplar pero indomable, que sufre los pesares del capitalismo.2. El pueblo es (el) soberano. Pertenece a un léxico típicamente sacralizado, que connota la grandeza, la majestad y, sobre todo el poder último, por encima del cual no puede ejercerse ningún poder legítimamente. El concepto de soberanía escapa a un análisis preciso; o, más exactamente, la realidad de las relaciones de interdependencia entre individuos, los grupos y los Estados, en rigor deverdad lo hace impracticable. En cambio –y esa es su función esencial-, en última instancia, señala la existencia de un deber de obediencia. Dicho deber, situado en lo intemporal y lo abstracto, funda el principio mismo del orden político, legitimando de allí en más una sucesión de leyes y reglamentaciones concretas. Consecuencias: en caso de crisis, el pueblo debe tener la última palabra. Frente aesta propuesta fundamental del lenguaje político democrático, existe dos variantes: la versión institucional que nace del veredicto de la mayoría electoral la clave de cualquier desenlace; el pueblo pone fin al debate, renovando o negando la confianza en sus representantes, confirmándolos en el poder o conduciéndolos a la renuncia; pues el pueblo tiene la suprema sabiduría de elegir a quienes logobiernan. La segunda variante es la versión temperamental que magnifica un concepto más físico es la versión temperamental que magnifica un concepto más físico del pueblo como fuerza avasalladora, como multitud implacable misteriosamente depositaria de la idea de justicia o igualdad.

3. El pueblo es uno. La visión del pueblo como “totalidad abierta” Es una invitación permanente a seguir unidospor encima de los obscenos conflictos corporativistas de intereses o de las fracturas partidarias. En un sistema en el que las elecciones que se disputan llevan a la división, la referencia mágica al pueblo –común a todos los partidos- funciona como una útil compensación de las presiones centrífugas de los niveles sociales. Ser del pueblo no significa ser rechazado ni tampoco apartarse. Pero,...
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