El librero de kabul

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EL LIBRERO DE KABUL
Asne Seierstad
SARA HOYRUP MARCELO COVIÁN

Traducción:

MAEVA

Título original:

BOKHANDLEREN I KABUL—ET FAMILIEDRAMA

Diseño de cubierta: ROMI SARMARTÍ Fotografía de cubierta: KATE BROOKS La traducción española de este libro ha recibido la subvención concedida por NORLA Non-Fiction. @ by Asne Seierstad, 2002 www.maeva.es ISBN: 84-96231-05-4 AlexDumas (Sábado 2 deOctubre de 2004)

A mis padres

Prólogo
Sultán Khan fue una de las primeras personas que encontré al llegar a Kabul en noviembre de 2001. Yo acababa entonces de pasar seis semanas en compañía de los comandantes de la Alianza del Norte haciendo campaña desde el desierto limítrofe con Tayikistán hasta las llanuras al norte de Kabul, pasando por las montañas de Hindu Kush y el valle dePanshir. Había estado en el frente cubriendo la ofensiva contra los talibanes, durmiendo en el suelo, viviendo en chozas y viajando en vehículos militares, a caballo y a pie. Después de la caída de los talibanes, llegué a Kabul con la Alianza del Norte. En una librería conocí a un hombre elegante y canoso. Tras pasar semanas en medio del polvo y la grava y de hablar única e inevitablemente de tácticasbélicas y de avances militares, resultó un alivio hojear libros y charlar sobre literatura e historia. En las estanterías de Sultán Khan abundaban obras en varias lenguas: colecciones de poesía, leyendas afganas, libros de historia, novelas... Como buen vendedor, me vendió siete libros en mi primera visita. Volví a menudo cuando tenía tiempo para mirar libros y seguir conversando con el curiosolibrero, un patriota afgano a menudo frustrado por su país. —Primero, los comunistas me quemaron los libros, luego los muyahidin saquearon la librería y, finalmente, los talibanes volvieron a quemar mis libros —me contó el librero. Un día me invitó a cenar a su casa. En el suelo, alrededor de un opíparo banquete, estaba reunida su familia: una de sus esposas, los hijos, las hermanas, el hermano, sumadre y unos primos. Sultán contaba historias, los hijos se reían y bromeaban. El ambiente desenfadado y de abundante comida contrastaba con las frugales meriendas que yo había compartido con los comandantes en las montañas. No obstante, no tardé en notar que las mujeres guardaban silencio. La hermosa esposa casi adolescente de Sultán estaba sentada al lado de la puerta con un bebé en brazos, sinmoverse ni decir palabra. La otra esposa estaba ausente esa noche. Las demás mujeres contestaban a preguntas y recibían elogios por la comida, pero en ningún momento tomaron la iniciativa en una conversación. Al dejarlos me dije a mí misma: «Esto es Afganistán. Valdría la pena escribir un libro sobre esta familia».

Al día siguiente busqué a Sultán en la librería para exponerle mi idea. —Muchasgracias —se limitó a contestar. —Sí, pero eso implica que yo he de vivir con vosotros. —Bienvenida. —Debo acompañaros donde vayáis y vivir como vivís tú, tus esposas, tus hermanas y tus hijos. —Bienvenida —volvió a decir.

Así que un día brumoso de febrero me instalé en casa de los Khan con tan sólo mi ordenador, cuadernos y bolígrafos, un teléfono móvil y la ropa que llevaba puesta. El resto delequipaje había desaparecido durante el viaje en algún lugar de Uzbekistán. Fui recibida con los brazos abiertos. Me sentí a gusto con los vestidos afganos que las mujeres de la casa me iban prestando. Dormía en una estera al lado de Leila —la hermana menor de Sultán Khan—, que era la encargada de vigilar que no me faltara nada. —Tú eres mi bebé —me dijo esta chica de diecinueve años la primeranoche—. Cuidaré de ti —me aseguró pendiente de cualquier movimiento mío. El menor de mis deseos debía ser satisfecho, según Sultán había ordenado. No supe hasta más tarde que había añadido que quien no cumpliera la orden sería castigado. Me servían comida y té a todas horas, y poco a poco me fui integrando en su vida. Hablaban cuando querían, no cuando yo les preguntaba. No siempre era cuando yo...
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