El libro de la selva

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Rudyard Kipling

El libro de la selva



Los hermanos de Mowgli


Mang, ese ciego con alas,
suelta las bridas de la noche.
Rann es su amigo, en él cabalga.
Duermen las vacas sueños torpes.
Los corderos tiemblan, balan,
ytras la puerta se esconden.
Somos dueños hasta el alba.
Queremos siempre ser libres,
fuerza, pasión desatada.
Que abunde siempre la caza.
Será así, si en la Ley vives.


LAS COLINAS DE SEEONEE PARECÍAN UN horno. Padre Lobo, que había pasado todo el día durmiendo, sedespertó. Se rascó, bostezó y fue estirando una tras otra las patas. Quería desprenderse de todo el sopor y la rigidez que se había acumulado en ellas. Madre Loba estaba echada. Su cabeza gris reposaba, en señal de cariño y protección, sobre los lobatos, cuatro animalitos indefensos y chillones. La Luna brillaba en todo su esplendor nocturno fuera de la cueva.

––¡Ahuugr! ––sentenció Padre Lobo––.Es hora de salir de caza ––y ya estaba a punto de lanzarse pendiente abajo, cuando se presentó a la entrada de la cueva una sombra menuda y furtiva; era bien visible su cola esponjosa. Empezó en tono lastimero:

––Buena suerte, jefe de los lobos. Y que la misma buena suerte sea siempre con tus hijos. Que puedan estar eternamente orgullosos de sus fuertes colmillos. Y que jamás les falteel apetito.

Era el chacal ––Tabaqui el lameplatos–– el que así habló. En la India los lobos desprecian a Tabaqui por ser un chismoso. Siempre anda con cuentos e historias de un lado para otro. También lo desprecian por su dieta: despojos y todo lo que haya mínimamente aprovechable en cualquier basurero.

Despreciable, sí, pero temible. Mas que cualquier otro animal, cuando aTabaqui le entra la locura, se olvida de su miedo y muerde todo lo que le sale al paso: cosas y animales. Son los momentos en los que hasta el tigre no se atreve a vagar libremente por la Selva. Les preocupa hasta el solo pensamiento de poder verse reducidos ellos mismos a una situación tan deplorable. Porque, en la Selva, la locura es considerada como una deshonra, la mayor de todas. Nosotros sabemosque se trata de la hidrofobia*. Pero ellos le dan simplemente el nombre de locura.

––De acuerdo. Pasa y busca ––dijo Padre Lobo––, pero quiero que sepas de antemano que no hay comida.

––A buen seguro que no la hay para un lobo ––contestó Tabaqui––, pero para un animal como yo, hasta un hueso mondo es un excelente banquete. Nosotros, el Pueblo de los Chacales, no tenemos elección ala hora de comer.

Se dirigió sin dilación hacia el fondo de la cueva. Encontró un hueso de gamo. Todavía tenía algo de carne adherida. Empezó a triturarlo con fruición.

––Gracias por tan excelente comida ––dijo relamiendose––. ¡Qué hijos tan hermosos tienes! ¡Cómo se adivina en ellos la nobleza! Tienen unos ojos enormes. Y qué maravilla de juventud la suya. Aunque nada de estome debería extrañar. Los hijos de los reyes son hombres desde que nacen.

Tabaqui sabía de sobra que no ayuda a la buena crianza alabar a los lobatos estando ellos presentes. El descontento se reflejaba en la actitud de Madre Loba y de su pareja.

Tabaqui guardó silencio un momento como recreándose en el mal que había hecho. Luego, añadió escupiendo sus palabras:

––El GranShere Khan ha cambiado su territorio de caza. Estas colinas serán su cazadero durante las próximas semanas, hasta que cambie la Luna.

Shere Khan era el tigre que ahora merodeaba cerca del río Waingunga, a pocos kilómetros de distancia.

––¿Por qué lo ha hecho? No le asistía ningún derecho ––dijo furioso Padre Lobo––. De acuerdo con la Ley de la Selva, nadie puede cambiar de...
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