El maestro y el robot

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¿Quién hubiera imaginado que en aquel pueblecillo perdido en la montaña fuese a ocurrir lo que ocurrió? La apresurada construcción de una escuela supermoderna e incomprensible, y el relevo del viejo y campechano maestro por un fascinante robot, fueron los primeros acontecimientos que hicieron saltar en pedazos la rutinaria vida cotidiana de Villalmendruco de Todo lo Alto. Pero aquelloera sólo el principio: ¿Una experiencia revolucionaria en la enseñanza? ¿Un complot interplanetario? Sencillamente, la Operación 2000. 1 Un pueblo que era una paloma 2 Una escuela la mar de rara 3 Las misteriosas obras de la escuela 4 Los almorávides y los espíritus de los siete caballeros 5 Grúas, cuentos, bailes... y la carta fatídica 6 Noche de tormenta 7 En la Escuela del año 2000 8 Leccióninaugural 9 La Hiperescuela Astronáutica Localizable de Enseñanza con Holovisión Óptica Pistonuda 10 El más bello viaje de la Historia 11 La vuelta al mundo en un solo día 12 Mundo de espejos 13 Prismas de espuma de metal cristalizado 14 La nueva aparición de los siete caballeros 15 Muchas preguntas y algunos ensueños 16 Las siete escalas del vuelo interplanetario 17 Operación 2000 18 El vuelo delos espejos 19 Epílogo

El maestro y el robot José Antonio del Cañizo Obra premiada en el Concurso Literario de la Fundación Santa María Primera edición: Octubre 1983 Segunda edición: Junio 1984 Ilustraciones y cubierta: Arcadio Lobato © José Antonio del Cañizo 1983 Ediciones S.M. ISBN 84-348-1244-4 Edición digital: vampy815 A todos los maestros y maestras que saben ser tan humanos comoNicomedes y tan fascinantes como el robot «La salvación de la Humanidad está en ganar la carrera entre la educación y la catástrofe». H. G. WELLS

1 Un pueblo que era una paloma
VILLALMENDRUCO DE TODO LO ALTO es un pequeño pueblo blanco, de paredes encaladas y rojizos tejados de tejas viejas, donde nadie hubiese imaginado que pudiera ocurrir lo que ocurrió. Se ve desde lejos, allá, encaramado en todolo alto de Peñas Bravas, unos montes pedregosos que dominan el valle y donde sólo algunos almendros ateridos, unos pocos algarrobos copudos y un puñado de higueras tortuosas ofrecen algún fruto a los hombres que allí habitan. Bueno: hombres, lo que se dice hombres, habitan allí más bien pocos. Niños y niñas, muchachos y muchachas, sí quedan unos cuantos. Pero sus padres y madres tuvieron que ir abuscar trabajo a un país lejano, viajando días y noches, olvidándose del sol y los olivos, los granados en flor y los limoneros; dejando atrás a la gente que ríe y charla por las calles, se arranca a cantar por menos de nada y engaña al hambre con un cuenco de gazpacho, un vaso de vino y una tertulia. Dejando atrás, sobre todo, a sus hijos, a los que ahora encontramos subiendo hacia Peñas Bravascon su profesor, don Nicomedes, que jadea y resopla, pues está sin resuello. —¡Ufff! Vamos a sentarnos un rato, chicos, que no puedo dar un paso más. ¡Vaya birria de piernas! ¡Maldita sea! Y se dejó caer, sentado, en una roca, de espaldas a la cumbre y mirando hacia la aldea, adonde vino para esperar tranquilamente la jubilación ya cercana. Contempló, allá abajo, el dédalo de tejadillos rojosentreverados con callejuelas sinuosas y empinadas, estrechas como ranuras, por las que circulaban unos seres diminutos con sayas negras y otros con boina, que eran las abuelas y abuelos de los alumnos.

Se levantó el cuello de la chaqueta porque corría cierto airecillo. Empezó a hacer ejercicios respiratorios para recuperar el aliento, abriendo y levantando los brazos, tomando el aire por la nariz yechándolo por la boca. Los alumnos le imitaron, mientras charlaban y reían, exagerando sus gestos y dándose guantazos unos a otros al estirar los brazos. Hasta que Rafa, el cartero, al que Quico, el alguacil, había pegado en un ojo, se lió a bofetadas con él, y ambos rodaron por el suelo, enzarzados en una pelea entre bromas y veras. Unos los animaban, otros intentaban separarlos, y el maestro...
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