El manual

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  • Publicado : 30 de mayo de 2011
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fakajaajakljDesde su infancia, oía voces y conversaba con los ángeles. Sus padres le aconsejaron consultar a un sacerdote de Israel quien, después de hacer muchas preguntas, lo identificó como un nabí, un profeta, un «hombre del espíritu», aquel que «se exalta con la voz de Dios».

Después de hablar durante muchas horas seguidas con él, el sacerdote dijo a sus padres que todo lo que el niñodijese tenía que ser tomado en serio.

Cuando salieron de allí, los padres exigieron a Elías que nunca más contase a nadie lo que veía o escuchaba; ser un profeta significaba tener vínculos con el gobierno, y esto era siempre peligroso.

De cualquier manera, Elías jamás había escuchado nada que pudiera interesar a los sacerdotes o a los reyes. Se limitaba a conversar con su ángel de la guarda yescuchaba consejos respecto a su propia vida; de vez en cuando tenía visiones que no conseguía comprender: océanos distantes, montañas pobladas de seres extraños, ruedas con alas y ojos... Cuando las visiones desaparecían, él, obediente a sus padres, trataba de olvidarlas lo más rápidamente posible.

A causa de esto, las voces y las visiones fueron haciéndose cada vez más raras. Sus padresquedaron contentos y no mencionaron más el asunto. Cuando llegó a tener edad para mantenerse a sí mismo, le prestaron dinero para que abriese una pequeña carpintería.

Con frecuencia miraba con respeto a otros profetas, que caminaban por las calles de Gileade, usando mantos de piel y cintos de cuero, y decían que el Señor los había designado para guiar al pueblo elegido. Realmente, aquél no era sudestino; jamás sería capaz de provocar un trance con danzas o autoflagelación, una práctica normal entre los «exaltados por la voz de Dios», porque tenía miedo al dolor. Jamás caminaría por las calles de Gileade exhibiendo orgullosamente las cicatrices de las heridas conseguidas durante los estados de éxtasis porque era demasiado tímido.

Elías se consideraba una persona común, que se vestía comolos demás, y que torturaba solamente a su alma con los mismos temores y tentaciones de los simples mortales. A medida que progresaba su trabajo en la carpintería, las voces fueron cesando por completo, porque las personas adultas y trabajadoras no tienen tiempo para eso. Sus padres estaban contentos con el hijo, y la vida transcurría en armonía y paz.

La conversación con el sacerdote cuando aúnera un niño pasó a ser apenas un recuerdo remoto. Elías no podía creer que Dios Todopoderoso necesitara conversar con los hombres para hacer valer sus órdenes. Lo que había sucedido en la infancia era sólo la fantasía de un muchacho que no tenía nada que hacer. En Gileade, su ciudad natal, existían algunas personas consideradas locas por sus habitantes. No conseguían decir cosas coherentes y eranincapaces de distinguir entre la voz del Señor y los delirios de la locura. Pasaban sus vidas en las calles, predicando el final del mundo y viviendo de la caridad ajena. A pesar de ello, ninguno de los sacerdotes los consideraba como «exaltados por la voz de Dios».

Elías llegó a la conclusión de que los sacerdotes jamás estaban seguros de lo que decían. Los «exaltados de Dios» eran laconsecuencia de un país que no conocía su rumbo, donde los hermanos se peleaban entre sí, y donde un nuevo gobierno surgía a cada momento. Profetas y locos no se diferenciaban.

Cuando se enteró del casamiento de su rey con Jezabel, la princesa de Tiro, no le dio mucha importancia. Otros reyes de Israel ya habían hecho lo mismo, y el resultado había sido una paz prolongada en la región, con un comerciocada vez más importante con el Líbano. Poco importaba a Elías que los habitantes del país vecino creyesen en dioses inexistentes, o se dedicasen a cultos extraños, tales como adorar a animales y montañas; eran honestos en los negocios, y esto era lo que más contaba.

Elías continuó comprando el cedro que traían y vendiendo los productos de su carpintería. Aunque fuesen un poco orgullosos y les...
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