El mediador fugaz (breves anotaciones sobre el cuerpo)

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El mediador fugaz
(Breves anotaciones sobre el cuerpo)

Lázaro Álvarez

Puesto que no sabemos qué es espíritu, tampoco sabemos qué es un cuerpoVoltaire, Diccionario filosófico

Para empezar, si vemos bien, casi constituye un despropósito “pensar el cuerpo”, objeto que en algo no dejará de ser esencial dentro del tema que este artículo pudiera exigirnos.

La expresión misma parece un contrasentido, un oxímoron alrededor del cual se apostan muchos otros sentidos errantes. Pensar el cuerpo es situarse necesariamente fuera deél para contemplarlo: el mismo asunto del theorós y del hombre de la praxis, de la contemplación y la acción, de la psiquis y el soma, tan necesitados el uno del otro para definirse.

“Pensar desde el cuerpo” es una expresión, si no más acertada, al menos más atractiva. Asunto de la sensualidad y sus placeres, quizás. Pero no deja de ser una expresión confusa y sorprendente para larazón. Un tanto como que el cuerpo “hable”. Pero el cuerpo sólo habla cuando molesta, según dicen: ¿El sufrimiento físico como otro lenguaje, o como lenguaje de lo otro? Cuerpo mudo que de improviso nos incomoda. El cuerpo es un no-decir. Pero, ¿cuándo el cuerpo se vuelve elocuente? Cuando habla hace que se deje de hablar. Ejemplo: el cuerpo femenino, repentinamente, se vuelve tan expresivo que nosenmudece. Sólo que, en un lenguaje que está más acá de las palabras. Lenguaje mudo más inmediato.

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Pero la expresión “pensar el cuerpo” parece un contrasentido en la medida en que, desde ella, parece postularse la clásica separación de ambas realidades: Se piensa y se es cuerpo pero nunca o muy raramenteal mismo tiempo. De allí lo muy común de la expresión: “tengo este cuerpo” o “este es mi cuerpo”, “esta es mi mano”, “este es mi cabello”, como si algo en el centro de la cabeza fuese el amo del resto. Expresiones tan extrañas como considerar el hecho de que la vista pueda pensar que el ojo es suyo. Primera observación, entonces: el cuerpo es, entre otras cosas, el lugar de una de las mayoresincertidumbres de nuestra identidad. Pero es, también, al mismo tiempo, el dato fenomenológico por excelencia. Lugar de lo salvaje. Prueba de la heterogeneidad humana. La “mayor evidencia humana”, como decía Camus, es también el pretexto de una separación, de una experiencia básica de alienación, al menos en nuestra propia época. Y lugar de mediaciones, acorazamientos, domesticaciones ymanipulaciones.

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Su importancia es crucial: lo demuestra la inmensa bibliografía actual sobre este tema. Su protagonismo social también queda patente en la evidente masificación del deporte y el cuerpo como elemental objeto de consumo y como instrumento esencial de provechocomercial y político. El atletismo estatal y el corporativo se parecen más de lo que pudiéramos creer para no advertir nuestras limitaciones como individuos libres. Y de allí, la ambigüedad del deporte contemporáneo que puede ser considerado o como libre forma de cultura o como opio del pueblo: ¿En qué momento exacto deja de ser una cosa para ser la otra?* * *

Sobrevaluación y devaluación del cuerpo, extremos frecuentados. Casi no hay joven que no sueñe con “derrochar físico” sobre la playa y “capitalizar” miradas (al tiempo que es también ésta la más extrema experiencia de plenitud del ser a que puede aspirar) mientras hace una...
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