El milagro de todos

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El milagro de todos

Si bien a estas alturas había conseguido muchas cosas, bienestar, comodidades en el diario vivir para mi familia, sabía que eso no era todo y sentía cada vez con más fuerza que necesitaba nutrirme de algo más.

Tenía claro que Sábados Gigantes se desarrolló con la ayuda del público y el aporte profesional de periodistas, productores, creativos, artistas y técnicos. Elprograma me llevó de la mano, primero a la popularidad, después
al éxito y, más adelante, a la internacionalización. Sin embargo, me notaba vacío en lo espiritual, tenía una deuda con la gente que me había dado la oportunidad de alcanzar en la vida el puesto que ahora ostentaba y sentía necesidad de retribuir.

Comencé entonces a pensar y buscar con afán una fórmula que me permitiera agradecer alpúblico y a la vez ayudar a quienes más lo requerían.

La historia se remonta a 1976 y coincide con los inicios del triunfo artístico y comercial de Sábados Gigantes. Yo acababa de cumplir 36 años y mi situación era holgada. Tenía casa propia, un buen automóvil y algunos ahorros. Mis hijos estudiaban en excelentes colegios. Viajábamos y disfrutábamos de formidables vacaciones, había dado variasveces la vuelta al mundo, realizando reportajes para "La cámara viajera". ¿Qué más podía pedir?

Sin embargo, en mi interior se agitaba una llama que no me dejaba vivir tranquilo. Era una sensación pesada, como de haber dejado algo inconcluso. Conversé mucho conmigo mismo —cosa que hago a menudo— y comprendí que si bien todo lo que tenía lo había logrado trabajando con perseverancia y una grandosis de fuerza de voluntad, ese triunfo se lo debía a mi público chileno que me había seguido, apoyado y aplaudido durante tantos años.

Me dije que circunstancias del destino habían hecho que Chile me acogiera al nacer, por lo cual éste es un país que quiero y con el que adquirí un compromiso de por vida. El profundo agradecimiento que sentía por él, me hizo entender que a pesar de que yo leproporcionaba humor, información, algo de emoción y esparcimiento, no había retribuido esas muestras de cariño con mayor profundidad.

Sentí que debía responder de alguna forma y agradecerle a la vida tantas oportunidades que me había ofrecido. Deseaba que esta correspondencia se tradujera en una retribución gigante, aunque la palabra no sonara muy original. "Tengo que hacerlo, piensa en algo —medecía a cada rato—, con esa tremenda cabeza, ¿cómo no vas a poder pensar?"

Por esa cabeza "grande" deambularon ideas muy descabelladas y otras no tanto. Una de ellas, bastante aterrizada, consistía en implementar un plan piloto destinado a promover el consumo de carne entre 100 mil familias de modestos recursos, personas que no se alimentaban bien, menos aún con carne, por su alto costo en ladifícil situación económica que atravesaba el país.

Se trataba de un proyecto de autogestión que instalaría cien mil jaulas apropiadas para otras tantas parejas de conejos. Estos simpáticos animales eran la mejor elección, ya que se reproducen cada 90 días, se alimentan prácticamente de deshechos vegetales y su carne posee un alto porcentaje de proteínas. El plan parecía bastante ambicioso y megustó. La Diaconía de la Iglesia Católica chilena había considerado desarrollarlo en el campo,
pero pensé que lo podríamos lanzar en sectores urbanos marginales, como una buena ayuda para sus habitantes necesitados. Se incluía la enseñanza, a través de Sábados Gigantes, de muchas formas de cocinar la carne de co-
nejo. Se crearían a la vez cooperativas de vecinos en las diversas poblaciones,donde las mujeres trabajarían descuerando los conejos para curtir la piel y exportarla a industrias europeas que la transformarían en cuellos para
abrigos, sombreros, guantes, bolsos...
Pero el estudio de factibilidad detectó problemas de higiene que señalaban más perjuicios que beneficios en la idea. El plan de la Diaconía era más factible, por la existencia de grandes espacios en el campo donde...
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