El milagro

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  • Publicado : 26 de marzo de 2011
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EL MILAGRO
La noche oscura cae blandamente sobre los habitantes del pueblecito que
ronca. Unas figuras silenciosas pasan corriendo cerca de las tapias del convento.
Todo es calma, quietud, pero los perros dan la voz de alarma en las casas vecinas. Las voces se calman y se detienen los pasos. Todo se hace aún más silencioso. El grupo queda a la expectativa.
-¿Llegó el zurdo, ya?,- pregunta unavoz jadeante a los del grupo.
-No, todavía está escalando.- Contesta una voz atiplada y temerosa, mientras indica con su mano hacia la iglesia.
Una sombra negra se divisa subiendo por entre las desprendidas tablas de la torre, que crujen y se bambolean queriendo sacudirse del intruso. “¡Concha que está complicada esta lesera…, a ver… ,por aquí hay un huequito…, y me daban miedo las alturas…,menos mal que no veo el suelo…” La cautelosa sombra no ceja en su empeño, sólo le faltan algunos metros para llegar al campanario. Despacio se ve al joven llegar a la pequeña ventana de la cúpula; la levanta con una mano después de múltiples tentativas. Introduce su cabeza y torso por la pequeña ventanuca, hasta vérsele solamente sus pies que patalean buscando el equilibrio. ´´Qué manera detemblarme las manos…no tener una linterna. Adónde dejé la lienza…, aquí está …,busquemos la pelota …, por aquí… eso. Un buen nudo ciego…,ya está, mierda…”
Al salirse de la ventana suelta la lienza hasta el suelo tratando
por todo los medios que el badajo no vaya a sonar. Despacio y tan silencioso como subió comienza el lento bajar. Al llegar al suelo toma el ovillo y lo comienza a desenrollar mientrasen cuclillas avanza hacia donde le esperan los demás.

-¡Putas, que te demoraste, zurdito!- Dice una pequeña sombra que se acerca a recibir al recién llegado.
-¿Y por qué no te subiste vos entonces, pos “guevón”?- Contesta el interpelado inundado de furia que casi no puede contener. Es un jovencito de unos doce años, bastante robusto y decidido.
-Ya cabros, no peleen-, interviene un delgadojovenzuelo, al cual le brillan los ojos en la clara noche, tratando de calmar a los amigos que cruzan sigilosos la calle y saltan las tapias que dan a un extenso potrero.
-¡Ya cabros, esta sí que va ser buena!-,dice el zurdo olvidándose del mal rato pasado.
La alta torre va quedando lejana. Los amigos se sientan en una suave colina desde donde se ve la iglesia y las calles adyacentes. El cielo estáclaro y la luna riela en el río en el bajo lejano. Las nubes se alejan despacio hacia el norte en esta madrugada primaveral.
-¿Quién empieza?-, pregunta el más pequeño de los niños con su voz asustada por la reprimenda dada por el zurdo.
-¡Yo tengo que ser!, yo fui el que se subió.
-¡Sí, que empiece el Manuel!-, corrobora el más gordito del grupo.
No habían terminado de ponerse de acuerdocuando ya Manuel blandía la lienza con todas sus fuerzas como quien eleva un volantín al cielo.
Priemero los muchachos se miraban con asombro y susto. Ninguno pensaba que el repiquetear iba a ser tan fuerte. No se esperaban semejante ruido. Los perros del pueblo empiezan a ladrar cada vez con más fuerza. Se escuchan gritos que llegan como murmullos desde la iglesia. Se prenden luces en las casasvecinas como también en la casa del cura.
Los niños rien a más no poder mientras el zurdo a pasado el cordel al más pequeño, que con toda su energía intenta sacarle sonido a la campana que va iluminando al pueblo.
Va reuniéndose cada vez más gente. Se ven curiosos que intentan darle una explicación “al milagro”. Llegan monjas colocándose los hábitos. Algunos fieles, los más beatos ya están encuclillas y rezando padrenuestros.
-¡Es el acabo de mundo!- Exclama una anciana que se persigna ante la campana que bate sola.
-¡La venida de Cristo está cerca, ha llegado la hora de los justos!-, vocifera una de las voces en medio de las exclamaciones.
-¡Es el viento!- Expresa un incrédulo al cual miran con desagrado y pena por no querer ver uno de los signos del Juicio final.
Padrenuestros...
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