El misterio del jarron azul

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Agatha Christie

EL MISTERIO DEL JARRÓN AZUL

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El misterio del jarrón azul

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El misterio del jarrón azul

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Jack Hartington contempló con pesar el empinado camino recorrido y de pie junto a la pelota, volvió a mirar el hoyo calculando la distancia. Su rostro era una muestra elocuente del disgusto que sentía. Con un suspiro, extrajo uno delos palos de golf, y tras ensayar con él un par de tiradas que aniquilaron por turno un diente de león y una buena zona de hierba, dirigióse por fin hacia la pelota. Resulta duro, cuando se tienen veinticuatro años y la única ambición en la vida es reducir el número de tiradas en el juego de golf, verse obligado a dedicar el tiempo y la atención al problema de ganarse el pan. Durante cinco días ymedio de los siete que tiene la semana, Jack vivía encerrado en una especie de tumba de caoba en la ciudad. Los sábados por la tarde y los domingos los dedicaba religiosamente a lo importante de verdad y llevado de su entusiasmo había tomado una pequeña habitación en un pequeño hotel cerca de las pistas de Golf Stourton Heath y se levantaba diariamente a las seis de la mañana, para poder practicaruna hora antes de coger el tren de las ocho cuarenta y seis que le llevaba a la ciudad. La única desventaja de aquel plan era que a aquellas horas de la mañana era incapaz de acertar una sola tirada. Cuando no erraba el tiro, se le escapaba la pelota, que corría alegremente por el césped, y le eran necesarias un mínimo de cuatro tiradas para cada hoyo. Jack suspiró, y asiendo el palo con fuerza serepitió las palabras mágicas: «El brazo izquierdo bien estirado y no alzar la vista.» Giró en redondo... y se detuvo petrificado al oír un grito que rompió el silencio de aquella mañana de verano. —¡Asesino! ¡Socorro! ¡Asesino! Era una voz de mujer que se ahogó en una especie de gemido. Jack dejó caer el palo de golf y echó a correr en dirección a la voz, que le había parecido muy cercana. Aquellazona de pistas se encontraba en pleno campo y veíanse muy pocas casas por allí. En realidad sólo había una, muy pintoresca, y en la que Jack siempre se fijaba por su aspecto pulcro y anticuado. Fue hacia la casita a todo correr. Quedaba oculta por una ladera cubierta de brezos que bajó en menos de un minuto y se detuvo ante la cerca. En el jardín había una muchacha y por un momento Jack supusoque habría sido la que gritaba en demanda de auxilio. Mas no tardó en cambiar de opinión. La joven llevaba una cestita en la mano casi llena de malas hierbas que al parecer había estado arrancando de un amplio parterre de pensamientos.

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Jack observó que sus ojos eran también dos pensamientos, suaves, oscuros y aterciopelados, y másvioleta que azules. Y parecía toda ella una flor con su vestido de algodón rojo. La joven le miraba entre contrariada y sorprendida. —Perdóneme —le dijo Jack—. Pero, ¿no acaba de oír un grito? —¿Yo? No. Su sorpresa parecía tan verdadera que Jack sintióse confundido. Su voz era dulce y bonita, con un ligerísimo acento extranjero. —Pero tiene usted que haberlo oído —exclamó—. Sonó muy cerca de aquí.—Yo no he oído nada —replicó la muchacha con los ojos muy abiertos. Jack fue ahora el sorprendido. Era increíble que no hubiese oído aquella desesperada llamada de auxilio, y sin embargo, su calma era tan evidente que no pudo creer que le mintiera. —Se oyó muy cerca de aquí —insistió. Ahora ella le miró con recelo. —¿Y qué es lo que han gritado? —preguntó. —¡Asesino! ¡Socorro! ¡Asesino!...
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