El mito de la honestidad

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Mito de la hospitalidad
En cierta ocasión, Júpiter, padre y creador de la tierra y su hijo Hermes, principio de toda comunicación, resolvieron disfrazarse de pobres y de una forma venir al reino de los mortales para ver como iba la creación que habían puesto en marcha. Júpiter se despojo de toda su gloria, a la vez que Hermes se desasía de sus dos alas, su principal símbolo, y de todos losdemás adornos. Parecían realmente unos pobres vagabundos.
Pasaron por muchas tierras y se encontraron con mucha gente. a unos y a otros pedían ayuda y nadie les echaba una mano. Lo único que recibían era insultos y malos tratos e insultos. en varias ocasiones fueron rechazados con violencia. Muchos ni siquiera se dignaban a mirarlos, y esto era lo que mas les dolía pues les hacia sentir comoperros leprosos y sin amor. por eso pasaron por toda clase de privaciones.
Después de mucho vagar y sentirse despreciados por todos, lo que más deseaban era un poco de agua fresca para beber, un plato de comida caliente, un caldero de agua tibia para aliviar sus cansados pies y una cama donde poder descansar. No soñaban más que con el mínimo grado de hospitalidad.
Hasta que un día llegaron aFrigia, una de las provincias más remotas y pobres del imperio romano, a donde eran desterraban a los individuos y los criminales. Allí vivía una pareja muy pobre. el se llamaba Filemón (en griego, ”amigo y amable”) y ella Baucis (delicada y tierna)
Sobreuna pequeña elevación, Filemón y Baucis habían levantado su choza, rustica pero muy limpia. y fue allí donde, siendo todavía muy jóvenes,habían unido sus corazones. el intenso amor que sentían el uno por el otro aliviaba su pena. Vivian con una gran paz y armonía, pues todo lo hacían juntos y se ayudaban mutuamente. Quien mandaba era quien obedecía. ya eran bastante ancianos, cansados de trabajos y de días.
Depronto llegaron a su choza Júpiter y Hermes, disfrazados de pobres mortales. y su sorpresa fue enorme cuando, tras llamar ala puerta, esta se abrió y apareció el rostro sonriente del bueno y anciano Filemón, el cual, sin mas preámbulos, les dijo:
-Forasteros, se os ve muy cansados y hambrientos. Entrad en nuestra casa. Es pobre, pero esta dispuesta para acogeros.
Los inmortales tuvieron que aguacharse para entrar en la choza, en cuyo interior sintieron las buenas vibraciones de la acogida y la hospitalidad.Baucis, la “delicada y tierna”, se apresuro inmediatamente a ofrecerles dos sillas o, mejor dicho, dos rústicos taburetes de madera, y fue a buscar agua fresca de la fuente que había detrás de la choza.
Filemón, por su parte, se puso a avivar el fuego, que estaba casi apagado. Soplo las cenizas, deposito unos cuantos pedazos de leña sobre las brazas ardientes y puso a calentar una olla con agua,que al poco rato ya estaba tibia.
Baucis se ciño su delantal y se pudo a lavar los pies de Júpiter y de Hermes, vertiéndoles al agua tibia por los pies hasta cerca de las rodillas, para que el alivio fuera mayor.
Filemón fue al huerto que cultivaba detrás de su choza y recogió una cuantas hortalizas, mientras Baucis descolgaba del techo el ultimo trasoí de tocino que les quedaba. sedispusieron incluso a sacrificar el ultimo ganso que poseían, pero se lo impidieron enérgicamente los inmortales, cuyos ojos se llenaron de conmoción y agradecimiento.
Baucis tomo un poco de aceite que ellos mismos fabricaban y lo vertió en la sopa. Luego, tras retirar la olla del fuego, tomo unos huevos y los puso sobre las calientes cenizas. Filemón se acordó que aun le quedaba un poco de vino enuna obscura y polvorienta botella escondida en un rincón en un rincón de la choza y que reservaban para un caso de necesidad. Lo acrece y además acerco a las brasas un trozo de pan que había sobrado del día anterior.
La hospitalaria y caritativa solicitud de los ancianos hizo que la espera se les hiciera soportable a Júpiter y Hermes. De pronto, todo estaba sobre la mesa en unos humildes pero...
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