El moderismo

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El Modernismo

El modernismo no es un movimiento literario de origen peninsular, sino surge y se desarrolla en Hispanoamérica donde alcanzara gran importancia.
Sin embargo, en España también tuvo su influencia, sobre todo en poetas como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machad, Salvador Rueda, Manuel Machado.

Rubén Darío, Creador del modernismo
(Azul)

El creador y difusor del modernismo fueel poeta nicaragüense Rubén Darío (1876-1916). Tanto él como sus seguidores buscaban la renovación de la expresión, al tiempo que procuraban evadirse de la realidad social de sus países de origen.
Para lograrlo intentaron crear un mundo de fantasía y ensueño, un mundo de belleza, alejada de la realidad y de los desastres de la realidad que les rodeaban. Sus fuentes de inspiración son los poetasfranceses de fin del siglo: simbolistas y parnasianos.
La aparición de azul (1888) supuso todo un acontecimiento en el panorama literario hispánico por la riqueza de su lenguaje y por su temática exclusivamente poética.
Fue el sutil crítico y novelista español Juan Velera (1824-1905) en plena madurez, quien impulso al joven nicaragüense al hacer una crítica muy favorable de su libro “Azul”.PALOMAS BLANCAS Y GARZAS MORENAS

Mi prima Inés era rubia como una alemana. Fuimos criados juntos, desde muy niños, en casa de la buena abuelita que nos amaba mucho y nos hacía vernos como hermanos, vigilándonos cuidadosamente, viendo que no riñésemos. ¡Adorable, la viejecita, con sus trajes a grandes flores, y sus cabellos crespos y recogidos, como una vieja marquesa de Boucher!
Inés era un pocomayor que yo. No obstante, yo aprendí a leer antes que ella; y comprendía lo recuerdo bien lo que ella recitaba de memoria, maquinalmente, en una pastorela, donde bailaba y cantaba delante del niño Jesús, la hermosa María y el señor San José; todo con el gozo de las sencillas personas mayores de la familia, que reían con risa de miel, alabando el talento de la actrizuela.
Inés crecía. Yo también;pero no tanto como ella. Yo debía entrar a un colegio, en internado terrible y triste, a dedicarme a los áridos estudios de bachillerato, a comer los platos clásicos de los estudiantes, a no ver el mundo -¡mi mundo de mozo!- y mi casa, mi abuela, mi prima, mi gato un excelente romano que se restregaba cariñosamente en mis piernas, y me llenaba los trajes negros de pelos blancos. 
Partí... Alláen el colegio mi adolescencia se despertó por completo. Mi voz tomó timbres aflautados y roncos; llegué al período rídiculo del niño que pasa a joven. Entonces, por un fenómeno especial, en vez de preocuparme de mi profesor de matemáticas, que no logró nunca hacer que yo comprendiese el binomio de Newton, pensé -todavía vaga y misteriosamente- en mi prima Inés.
Luego tuve revelaciones profundas.Supe muchas cosas. Entre ellas, que los besos eran un placer exquisito. Tiempo. 
Leí Pablo y Virginia. Llegó un fin de año escolar y salí, en vacaciones, rápido como una saeta, ca-mino de mi casa. ¡Libertad!
Mi prima -¡pero, Dios santo, en tan poco tiempo! -se había hecho una mujer completa. Yo delante de ella me hallaba como avergonzado un tanto serio. Cuando me dirigía la palabra, me ponía asonreírle con una sonrisa simple. Ya tenía quince años y medio Inés. La cabellera, dorada y luminosa al sol, era un tesoro. 
Blanca y levemente amapola da, su cara era una creación murillesca, si se veía de frente. A veces, contemplando su perfil, pensaba en una soberbia medalla siracusana, en un rostro de princesa. El traje, corto antes, había descendido. El seno, firme y esponjado, era un ensueñooculto y supremo; la voz clara y vibrante, las pupilas azules, inefables, la boca llena de fragancia de vida y de color de púrpura. ¡Sana y virginal primavera!
La abuelita me recibió con los brazos abiertos. Inés se negó a abrazarme, me tendió la mano. Después no me atrevía a invitarla a los juegos de antes. Me sentía tímido. ¡Y qué! Ella debía sentir algo de lo que yo. ¡Yo amaba a mi prima! ...
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