El monje que vendio su ferrari

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EL MONJE QUE VENDIO SU FERRARI
ROBIN S. SHARMA
CAPITULO UNO
EL DESPERTAR
Era uno de los más sobresalientes abogados procesales de este país. Era también un hombre tan conocido por los trajes italianos de tres mil dólares que vestían su bien alimentado cuerpo como por su extraordinaria carrera de éxitos profesionales. El gran Julián Mantle se retorcía como un niño indefenso postradoen el suelo, temblando, tiritando y sudando como un maníaco. A su lado estaba la ayudante del abogado (sus largos rizos rozaban la cara amoratada de Julián), ofreciéndole suaves palabras de ánimo, palabras que él sin duda no podía oír. Por aquel entonces Julián lo tenía todo. Era un brillante, apuesto y temible abogado con delirios de grandeza. Julián era la joven estrella del bufete, el granhechicero.
Julián, fiel a su lema, era un hombre duro, dinámico y siempre dispuesto a trabajar dieciocho horas diarias para alcanzar el éxito que, estaba convencido, era su destino. Pero he de admitir una cosa: Julián corría su propia carrera.
El extravagante histrionismo de Julián en los tribunales solía ser noticia de primera página. Julián dijo que le gustaba mi «avidez».
Por invitación deJulián, me quedé en el bufete en calidad de asociado y pronto iniciamos una amistad duradera. Admito que no era fácil trabajar con él. Julián no podía equivocarse nunca. Al saber por otro interino que yo estaba pasando apuros económicos, Julián se ocupó de que me concedieran una generosa beca de estudios. Es verdad que le gustaba ser implacable con sus colegas, pero jamás dejó de lado a un amigo.El verdadero problema era que Julián estaba obsesionado con su trabajo. Los casos eran cada vez mayores y mejores, y Julián, que era de los que nunca se amilanan, continuó forzando la máquina. En sus escasos momentos de tranquilidad, reconocía que no era capaz de dormir más de dos horas seguidas sin despertar sintiéndose culpable de no estar trabajando en un caso. Pronto me di cuenta de que aJulián le consumía la ambición: necesitaba más prestigio, más gloria, más dinero.
Sus éxitos, como era de esperar, fueron en aumento. Siempre había otro caso espectacular en perspectiva. Para Julián los preparativos nunca eran suficientes.
Cuanto más tiempo pasaba con Julián, más me daba cuenta de que se estaba hundiendo progresivamente.
A sus cincuenta y tres años, Julián tenía aspecto deseptuagenario. Su rostro era un mar de arrugas, un tributo nada glorioso a su implacable enfoque existencial en general y al tremendo estrés de su vida privada.
Se quejaba constantemente de que estaba enfermo y cansado de estar enfermo y cansado. Creo que su vida había perdido el rumbo.
Lo más triste, quizá, fue que Julián había perdido también su pericia profesional. En otras palabras, lachispa de Julián había empezado a fallar.
No era sólo su frenético ritmo vital lo que le hacía candidato a una muerte prematura. En aquel entonces, él era más que un simple chico rico de Connecticut.
En la caída de Julián había algo más que una conexión oxidada con su modus vivendi. Fuera éste cual fuese, yo tenía la sospecha de que, en cierto modo, estaba contribuyendo al declive de Julián.Julián no sólo era mi mentor, sino mi amigo.
CAPITULO DOS
EL VISITANTE MISTERIOSO
Era una reunión urgente de todos los miembros del despacho. Mientras nos apretujábamos en la sala de juntas, comprendí que el problema era grave. Julián Mantle sufrió un ataque ayer mientras presentaba el caso Air Atlantic ante el tribunal. Sin embargo, Julián ha tomado una decisión que todos ustedes debensaber. Sabía que Julián tenía sus problemas, pero jamás pensé que pudiera dejarlo. Posiblemente yo le recordaba la vida que él deseaba olvidar. Le dijo a uno de los socios del bufete que deseaba simplificar su vida y que «necesitaba respuestas» que confiaba encontrar en ese místico país. ¿Julián Mantle metido a yogui?, me dije. Qué caprichosos son los designios de la ley.
En esos tres años pasé...
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