El Mundo Al Final De La Guerra Fria

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 Desciendo a uno de los infiernos.
 
Esa misma noche me puse en marcha hacia General Rodríguez. Tenía que llegar al hospital para saber si por allí había pasado Victoria.
     La sala de mujeres fue fácil de encontrar. Siendo muy tarde,  había mucha gente agolpada contra las puertas de los consultorios. La sensación de abandono y dejadez me invadió, el olor a letrina inundada envenenaba elaire. Salió un médico ojeroso y como resignado a su suerte, el que fue bombardeado a preguntas por las personas que allí esperaban novedades de sus seres queridos. Quizás por ser una cara distinta de los que se agolpaban, este hombre me miró como preguntándome qué quería (quizás tengo pinta de ficha). Le pregunté por Vicky y le hice una somera descripción de ella. Me hizo pasar y que hablara conGladys.
     El salón es enorme, lleno de camas ubicadas en cuatro filas, me pareció que había más de cuarenta. Me sorprendió que las mujeres  se dispusieran en ellas acostadas una a la cabecera y otra del lado de los pies,  o sea de a dos; después me vine a enterar que a veces hay hasta tres y que  en caso de irte al baño, cuando volvés perdiste si no te guardaron el lugar.  Por supuesto que estotrae muchas peleas.
- No sólo faltan camas,  también insumos – me dijo Gladys.
- ¿Usted atiende detrás de ese biombo? – dije señalándolo.
- Atiendo en las camas, pero las intervenciones las hago atrás del biombo.
-¿Puedo hablar a solas con usted?
- ¿Me va a detener? – quiso saber.
     Salimos y le expliqué mi situación y qué estaba investigando. Se relajó, la invité a tomar un café.Atravesamos los jardines y nos instalamos en un quiosco de chapa y cartón. Recordó a Vicky porque fue la chica que vio en lo de la curandera.
 –Le ofrecí mi ayuda profesional y la rechazó, se notaba que no pertenecía al nivel social. Supongo que estaba asustada y con vergüenza – dijo sorbiendo su café caliente.
-¿Qué tipo de ayuda?
- Podía aconsejarla con su atraso o hacerle un raspaje –es muy común enla villa.
- ¿Por eso me preguntó si la iba a detener?
- No sé ayudarlas de otra forma…
- Debe existir, sólo que hay que buscarla – afirmé.
- Venga conmigo.
     Entramos por detrás del ala izquierda del edificio, cruzamos un largo y sórdido pasillo, empujó una puerta que alguna vez estuvo pintada de blanco y después de encender la luz abrió las heladeras. Vi cientos de paquetes envueltos enpapel de diarios, montones de matambritos alineados y apilados unos sobre otros con la etiqueta correspondiente.
-¿Qué es? –pregunté curioso.
- ¿No lo sabe, no lo imagina? –dijo con bronca y tristeza.
- Parecen matambres…
- Son bebés…lo fueron –su mirada me atravesó.
     Me quedé sin palabras pensando en las declaraciones legales y morales contra el aborto y contra la planificación familiar.Sólo atiné a salir de allí con el respeto debido a los pequeños cadáveres que acababa de descubrir. Ya en el pasillo encendí un cigarrillo que me costó prender porque me temblaban las manos. La médica y yo fumamos juntos en silencio. Vicky había sido atendida por ella con una perforación en el útero, la infección se pudo controlar con cirugía y con los antibióticos que sus amigos le compraron. Se escapó del hospital, como tantas pacientes, antes del alta.
 A la espera.



Ya reconciliado con el mundo, sentí que la lucidez y la calma volvían a mí.

Si bien estaba amenazado, andá a saber por quién, ya me había hecho a la idea de estar prevenido, y a otra cosa. Los encuentros con mis afectos me hacían sentir optimista y la ayuda de Yayo seguramente tendría alguna repercusión. Deboestar bien alerta: el encuentro con Marta y Lita anduvo bien y ambas mujeres continúan creyendo en lo que les digo.

Ya pasaron dos días y todo está, por lo menos aparentemente, en calma; no comulgo con esa idea tonta de que si hoy reís mañana llorarás, o si hay tranquilidad ya llegará la guerra. No obstante espero novedades y… ¡ojalá se produzcan!

De la que no sabía nada era de Gigí....
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